martes, junio 09, 2009

Tres documentos históricos (3)

LA REPATRIACION ARMADA DEL ’59 Y LA SOLIDARIDAD CUBANA

Radhamés Pérez

A 5 meses y 14 días de la huida de Fulgencio Batista y del triunfo de la Revolución en Cuba, se produjo la repatriación armada a República Dominicana de alrededor 200 luchadores por la libertad y la democracia que pretendían echar abajo la larga y cruel dictadura que desde 1930 encabezaba Rafael Trujillo. Al influjo de dicha revolución, para los dominicanos y sus aliados internacionales parecía haber llegado el momento de ponerle fin a la más larga y criminal dictadura del Continente.

La repatriación armada del 14 y 20 de junio del 1959 recibió el apoyo material de varios gobiernos de la región, entre ellos el de Venezuela, encabezado por Rómulo Betancourt, y el de Cuba, encabezado por el carismático líder guerrillero de entonces Fidel Castro. Sin embargo, razones ideológicas y de la realidad política de la época condicionarían el compromiso del gobierno venezolano, recayendo en el cubano el mayor peso en la solidaridad con los expedicionarios anti-trujillistas. Esto explica que fuera el territorio cubano el usado para entrenar a los guerrilleros y desde el cual partirían y que la mayor cantidad de armas por ellos usados y dinero recibido provinieran de la recién triunfante Revolución.

Después de un intenso entrenamiento físico y militar en el campamento de Mil Cumbres, provincia Pinar del Ríos, 193 expedicionarios, de acuerdo a la lista presentada por el Servicio de Inteligencia Militar de la dictadura de Trujillo, arribaron por Constanza, Maimón y Estero Hondo, de los cuales 150 eran dominicanos, 18 cubanos, 13 venezolanos, 7 puertorriqueños, 2 estadounidenses, 2 españoles y 1 guatemalteco. La diversidad nacional de los combatientes era muestra de la amplia solidaridad que se había articulado con la lucha antidictatorial del pueblo dominicano.

Aun sin ser la primavera acción guerrillera inmediatamente posterior al triunfo de la Revolución Cubana, la dominicana sí sería la más importante de las iniciales acciones insurreccionales que conocería el Continente al influjo del paradigma revolucionario que encarnaba el novel proceso cubano.

La insurrección armada iniciada el 14 de Junio del ’59, pasaría a ser, al decir de la analista Rosa C. Báez, “la primera acción latinoamericanista e internacionalista directa, y relativamente numérica, de la Revolución Cubana. Ella constituyó el signo vital de que sólo una Revolución es verdadera y autentica si además de resolver los problemas endógenos de su país, es capaz de brindar (su solidaridad resuelta) y militante ante las urgencias del movimiento regional e internacional”. En suelo dominicano, Cuba daba inicio a una conducta histórica que marcaría para siempre a sus autoridades, pueblo y Revolución.

Para valorar en su justa dimensión la solidaridad cubana con la causa dominicana, hay que tener presente que la Cuba post Batista carecía de un ejercito regular, su vida económica estaba en crisis y su aparato administrativo, supuesto a ser un aparato propio de un Estado, no funcionaba como tal y estaba en proceso de su rearticulación a partir de la visión de las fuerzas guerrilleras triunfantes. Súmele a esto la condición isleña de la nación, victima por demás de la conspiración trujillista y de fuerzas políticas desplazadas del poder, así como del recelo y la desconfianza de Washington, quien aún no había declarado su hostilidad abierta hacia una sociedad en cambio progresista desde el desembarco del Granma en 1956.

Su compromiso con nuestra causa iba mas allá de lo que pudiera aconsejar la conveniencia política en un momento de inestabilidad y confrontación como el que se vivía en la tierra de José Martí. Aún siendo lo lógico el fortalecer su triunfo y buscar solución a los problemas internos que vivía su pueblo, las autoridades Cubanas, encabezada por Fidel Castro, buscaron cumplir con la palabra empeñada con el exilio dominicano y cumplieron más allá de sus posibilidades.

El ajusticiamiento de Trujillo, 2 años después de las expediciones de junio, y el derrumbe final de su tiranía, son hechos históricos inseparables de del heroísmo y el sacrificio de los integrantes de la Raza Inmortal; por tanto su muerte no fue en vano, como tampoco lo fue las diversas muestras de solidaridad internacional que recibió para entonces el pueblo dominicano en su lucha por la libertad, la democracia y la liberación.

Múltiples son las formas en que las nuevas generaciones podemos recordar y emular a los héroes del ’59, así como expresar nuestra solidaridad hacia los ciudadanos e instituciones de otros países que se la jugaron a favor de nuestro pueblo, siendo la primaria el darle continuidad al empeño por construir una nueva, justa y mas humana sociedad, como también, en lo inmediato, articulando un movimiento para que el gobierno y el Congreso dominicanos otorguen la ciudadanía póstuma a todos los extranjeros muertos en el combate armado contra la dictadura de Trujillo durante las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo.

No hay comentarios.: