martes, marzo 11, 2008

Testimonio de Juan Vives: un documento cubano con vigencia 3

Informe Uruguay/Servicios Googlepor

Fernando Pintos

Continuará
Entre 1944 y 1952, el gobierno ejercido en Cuba por el Partido Auténtico, se deterioró rápidamente. Cundió la corrupción administrativa, se extendieron el favoritismo y nepotismo desenfrenados. Proliferaron escándalos de todo tipo. En mayo del 47, Eduardo Chibás (fiel seguidor de Grau San Martín) se escindió, formando el Partido Ortodoxo, basado en los más genuinos ideales de los “auténticos”. Pero, en 1948, Prío Socarrás, candidato del gobierno, fue elegido Presidente y, aunque la corrupción atemperó en parte, la lucha con los ortodoxos se intensificó. Dramáticamente, el 5 de agosto de 1951, luego de un debate televisivo con el ministro de Educación Sánchez Arango, Eduardo Chibás se disparó un balazo al término de un discurso radial, y murió diez días después. A esto siguió una acalorada campaña para las elecciones, donde “auténticos” y “ortodoxos” presentaron dos candidatos tan honestos como carentes de carisma: Carlos Hevia y Roberto Agramante. Fulgencio Batista volvió del exilio y encabezó una coalición política, pero los sondeos de opinión pública lo colocaron como perdedor. Pero no perdió. El 10 de marzo de 1952 dio su segundo golpe de estado. Tomó al país de sorpresa, y la resistencia fue mínima. Pero se abrió un período de latente descontento popular y fermentos revolucionarios de todo signo. El camino estaba expedito para la irrupción de un nuevo actor en esta tragedia: Fidel Castro Ruz.

—¿De qué maneras se fue radicalizando el proceso de degeneración de la revolución cubana, a partir de 1961? ¿Cuáles fueron los aspectos más ominosos pero menos conocidos de esta sangrienta farándula, de esta terrible farsa manejada por la Unión Soviética a través de ese dócil sirviente que ha sido Fidel Castro?
—Podría mencionar en primer término los campos de concentración del castrismo. Algo que los ardientes defensores de la Cuba comunista se cuidan muy bien de mencionar. Desde 1960 fueron creados campos de trabajos forzados, con cuyos prisioneros se trabajó principalmente en el rubro de la construcción. Hoy, existen decenas de campos de trabajo —podemos llamarlos mejor “de concentración”, al mejor estilo hitlerista—, donde miles de personas condenadas por motivos políticos son sometidas a trabajos forzados, consistentes en más de 18 horas de labor diarias, sin feriados ni descansos; sin comodidades siquiera mínimas y, para peor: con una deficiente alimentación. En 1959 Cuba tenía seis millones y medio de habitantes. Desde entonces hasta 1984, han pasado por estos campos infamantes y por todas las prisiones y mazmorras diseminadas por mi país, más de 400 mil cubanos, acusados por “delitos políticos”. Un promedio de dieciséis mil por año… Y actualmente, más de un millón de cubanos viven en el exilio, a pesar de la odisea que representa escaparse de ese inmenso Gulag que es mi patria.

—Pero la gente tiene mala memoria. Generalmente, la izquierda tiene mala memoria… Para lo que le conviene, claro. Aquellos púdicos defensores de los derechos humanos de los nordvietnamitas (en la década de 1960), ahora callan discreta y virtuosamente ante los millones de víctimas masacradas por el criminal comunismo camboyano. Apartan la vista, con delicadeza, de los millares de afganos rociados con napalm por las hordas del Kremlin… Y voltean sus educados rostros para no ver ni recordar las malandanzas del “enfant terrible” del Comunismo internacional, Fidel Castro. Por eso, y en nombre de esa Humanidad vejada y torturada diariamente por el comunismo en cualquier meridiano o paralelo, le pido que narre algo más de los horrores con que Fidel Castro sembró (y sigue sembrando) la patria de José Martí.
—Para hablar hay mucho. Demasiado. Horas hablando y sin desnudar ni la décima parte de las iniquidades volcadas por Fidel Castro sobre un pueblo indefenso. Por ejemplo, está el caso de la U.M.A.P. (Universidades Militares de Ayuda a la Producción), nombre reservado a los campos de trabajos forzados donde fueron enviados todos los varones que afirmaban tener creencias religiosas… Y mezclados con ellos, los homosexuales y todos los que podían estar en desacuerdo con el sistema… Mezclados, además, con los delincuentes comunes. Allí, cerca de un cuarto de millón de cubanos tuvo que soportar todo tipo de vejaciones y torturas físicas, mentales y morales, bajo criterios que no son reconocidos por ninguna ley internacional. En los Archivos de la Comisión de Derechos Humanos de ONU están los antecedentes de este asunto que, gracias a las presiones internacionales, fue cerrado y guardado bajo llave en 1968. Pero por más que quieran echarle tierra al asunto, por más que quieran ocultar este crimen de lesa Humanidad, ahí están en Cuba los prisioneros políticos más antiguos de todo el continente americano. Ahí malviven miles de hombres que, desde 1959, se han negado a aceptar el imperio del comunismo en Cuba. Y viven sometidos al régimen carcelario más duro e inhumano que uno pueda imaginarse. Viven castigados, hambreados, humillados; sometidos a un entorno muy parecido al mismísimo infierno del Dante. Y el mundo lo sabe, pero calla.

La toma del poder por parte de Batista en marzo del 52, abrió un período de inestabilidad política, descontento popular, debilitamiento de los partidos políticos democráticos, y florecimiento de grupos revolucionarios: Movimiento Nacional Revolucionario, Movimiento de Liberación Radical, Directorio Revolucionario, Organización Auténtica y el Movimiento 26 de julio, de Castro. El 11 de abril de 1953, el Movimiento Radical Revolucionario de Rafael García Bárcena realizó un intento frustrado de tomar el Campamento militar de Columbia, principal reducto de Batista. El 26 de julio de aquel mismo año, Fidel Castro dirigió un sangriento y fallido ataque contra el Cuartel Moncada, cayendo prisionero junto con varios de sus compañeros. El 16 de octubre de 1953. Castro fue sentenciado a quince años de cárcel (ante el Jurado, teatral y megalomaníaco, espetaría su ahora famosa frase, “la historia me absolverá”); pero el 13 de mayo de 1955 fue liberado, gracias a una amnistía especial. El 19 de julio de aquel mismo año Fidel Castro partió de Cuba hacia México, jurando antes que: “en 1956 seremos libres o seremos mártires”.

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