domingo, diciembre 23, 2007

Ingrid Betancourt, irreconocible tras años de secuestro


BOGOTA.- Envuelta en el aroma de perfume, jeans y camiseta, saluda de prisa a los reporteros en su apartamento de Bogotá, se sienta y cruza la piernas al borde de una butaca llevando en el rostro una sonrisa de oreja a oreja.

Ingrid Betancourt se mueve sin cesar en la silla, no logra contener la alegría de haber sido la senadora más votada de Colombia en los comicios legislativo de 1998, con más de 160.000 boletas, y habla sin cesar de sus planes políticos.

Como ametralladora y con voz de trueno responde con la cabeza en alto y gesticulando con sus manos de uñas pulidas decenas de preguntas sobre qué haría en temas como el narcotráfico, la corrupción y las guerrillas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Ahora secuestrada por las FARC en la jungla, junto con otros 45 rehenes, Betancourt apenas si mueve la cabeza.

La mantiene baja, las piernas cruzadas y sobre su rodilla derecha tiene las manos quietas. Envuelta en viejos pantalones y una camisa sin mangas, mira al piso seria con el pelo largo castaño cayéndole hasta la cintura desde uno de sus hombros. No pronuncia ni media palabra

Ni siquiera mueve los labios sobre un rostro color vela.

No se logra verle los ojos en la penumbra de la selva donde ha estado secuestrada por casi seis años en manos de las FARC. Las negociaciones con el gobierno en torno a un intercambio de rehenes por militantes de las FARC presos no han prosperado.

Casi irreconocible en el video divulgado en noviembre pasado --primera prueba de que está viva--, Betancourt es un fantasma de aquella mujer llena de vida que se postuló a la presidencia de Colombia hace casi seis años y desafió todas las recomendaciones, aventurándose en terreno rebelde, en el sur colombiano, donde fue secuestrada el 23 de febrero del 2002.

"La vida aquí no es vida, es un desperdicio lúgubre de tiempo", escribió Betancourt en octubre último en una carta de 12 páginas a su madre, Yolanda Pulecio.

Hizo al menos cinco intentos de escapar, por lo que es encadena por el cuello a otros rehenes, a veces toda la noche, a veces por 24 horas, contó en mayo Jhon Frank Pinchao, un policía que escapó de un campamento de las FARC en abril después de ocho años de retención, al menos tres de ellos junto a la ex candidata presidencial, según ha dicho el policía.

Betancourt "escribe mucho, pero un día que estaba triste rompió un cuaderno con sus escritos. Ese día estaba muy nostálgica pues acababa de salir de la hepatitis", dijo Pinchao en mayo. Con Betancourt "peleábamos mucho por las posiciones ideológicas distintas, pero después de unos días, nos contentábamos", agregó Pinchao.

Peleona siempre fue.
Durante el histórico juicio en 1996 contra el entonces presidente Ernesto Samper en la Cámara de Representantes, cuando fue acusado de haber utilizado seis millones de dólares del cartel de Cali para llegar al poder, Betancourt en su discurso en el congreso calificó al mandatario de "delincuente y corrupto". La mayoría oficialista absolvió a Samper.

Su figura comenzaba a ser reconocida en los medios y por los colombianos.

En el Partido Liberal "hay intereses mafiosos", gritó más tarde Betancourt en medio de cientos de delegados asistentes a la convención del liberalismo, del que hacía parte, en marzo de 1997. "Desde hace muchos años el Partido Liberal viene teniendo unas relaciones vergonzosas con los delincuentes del país", agregó en medio de una silbatina de los delegados para después ser sacada a empujones del recinto.

"Cuando oí aquel discurso, la llamé y le dije... Tienes mi voto, qué berraca (valiente). Fue mi heroína de esa noche. (A Betancourt) Le tocó salir escoltada, la querían despedazar" en el congreso liberal, recuerda Eduardo Chávez, un ex senador que pasó a ser asesor político de Betancourt.

Betancourt ya no habla.

"Trato de guardar silencio, hablo lo menos posible para evitar problemas. La presencia de una mujer en medio de tantos prisioneros que llevan ocho y 10 años cautivos es un problema", narró Betancourt en la carta a su madre.

Tras ser elegida senadora en 1998, Betancourt se lanzó a organizar su propio movimiento político, al que llamó "Oxigeno" para representar el nuevo aire que precisaba la política de su país.

"Tiene vocación de poder. Ninguna cosa en Ingrid es improvisada, ensayaba sus discursos, preguntaba qué camisa se debía poner, si se pintaba o no los labios" antes de un discurso o una entrevista, aseguró Chávez.

Y cuando se molesta elevaba su voz y lanzaba palabrotas.

"Le decía 'bájele el tono Ingrid, mire que yo me alcé en armas contra la arbitrariedad, no para cargarle las maletas a usted'", recuerda Chávez entre risas.

Incansable, jineta consagrada y afecta a los ejercicios físicos, "quien trabajaba con Ingrid pasaba hambre porque ella come como un pajarito, un poco de queso, un pollo de pollo a la plancha... quizá algo de un vino fino", aseguró Chávez.

Ahora "estoy mal físicamente. No he vuelto a comer, el apetito se me bloqueó, el pelo se me cae en grandes cantidades", aseguro la ex candidata en su misiva.

Betancourt nació en Bogotá el 25 de diciembre de 1961 en el seno de una familia acomodada colombiana. Su madre Yolanda era una ex Miss Colombia y más tarde representante por Bogotá; su padre, Gabriel, fue ministro de Educación del gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) y representante de la Unesco en Francia, donde sus dos hijas, Astrid e Ingrid, pasarían parte de su infancia con intervalos en Bogotá.

Entonces, la familia se instala en la famosa Rue Foch de París, "en un apartamento inmenso decorado con gusto y refinamiento: muebles del siglo XVIII, cuadros de grandes maestros, porcelanas chinas, tapetes de ensueño", narra Betancourt en su libro del 2001 "Con la Rabia en el Corazón", una suerte de autobiografía.

Entre los amigos que visitan a la familia en esos años, cuenta en su libro, estaban Gabriel García Márquez, Pablo Neruda y Fernando Botero.

Hoy en día sobrevive "en una hamaca tendida entre dos palos, cubierta con un mosquitero y con una carpa encima que oficia de techo, con la cual puedo pensar que tengo casa. Tengo una repisa con mi equipo, es decir el morral con la ropa y la Biblia que es mi único lujo. Todo listo para salir corriendo", agregó Betancourt en su carta.

"En cualquier momento dan la orden de empacar y duermo en cualquier hueco, tendida en cualquier sitio, como cualquier animal", indicó la mujer que cumplía 46 años el 25 de diciembre.

Ingrid culminó sus estudios de ciencias políticas en el Instituto de Estudios Políticos de París y se casó en los 80 con uno de sus compañeros de aulas, el diplomático francés Fabrice Delloye, padre de sus dos hijos, Melanie y Lorenzo.

Sólo regresó a Colombia tras el asesinato 1989, a manos de narcotraficantes y paramilitares, del candidato presidencial liberal Luis Carlos Galán, del cual su madre Yolanda era amiga y colaboradora.

Trabajó entonces como asesora en el ministerio de Hacienda y decidió postularse a la Cámara de Representantes por Bogotá en los comicios de 1994. Ya desde entonces despuntó como una política diferente con una campaña electoral en la que distribuyó en la calle condones como protección contra la corrupción.

En diciembre de 1996 recibe amenazas de asesinato y decide enviar de inmediato a sus dos hijos a Nueva Zelandia, donde entonces residía el padre de ellos, de quien se había separado en 1990. Ya no volverá a vivir con ellos de forma permanente, sino que le visitan de vez en cuando.

Betancourt no se ahorra críticas contras las FARC y paramilitares, con quien se entrevistó en 1998.

"Queremos continuar creyendo que las FARC siguen siendo un grupo preocupado por lograr una mayor justicia en Colombia. Pero no se puede desconocer que algunos de sus miembros mantiene tratos y apoyan el narcotráfico. Las FARC tiene que limpiar su propia organización", dijo Betancourt en su programa de gobierno al postularse a la presidencia en el 2002.

Obtuvo poco más de 53.000 votos o 0,46% de los 11 millones de sufragios válidos.

Desde Barranquilla, la noche del 22 de febrero del 2002, Betancourt llamó por su celular a Néstor León Ramírez y en tono tajante le dice "don Néstor no le estoy pidiendo permiso si puedo o no, le estoy diciendo que me espere mañana a las 11 de la mañana que estoy en San Vicente", recuerda Ramírez, ex alcalde por Oxígeno en San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá y bastión de las FARC, que controlaron esa zona durante cuatro años tras el retiro de las fuerzas del gobierno.

Fracasado un diálogo con la guerrilla, el gobierno del entonces mandatario Andrés Pastrana ordenó el reingreso de la fuerza pública el 20 de febrero del 2002.

"Ella me dijo que estaba conmigo en las buenas y en las malas y que iba a San Vicente a darme apoyo" por el tema del fin del despeje, agregó Ramírez. "Le dije que había problemas en el camino, porque la guerrilla estaba haciendo hostigamientos, pero ella era así tajante; me dijo que la esperara y que ella iba".

Betancourt y su compañera de fórmula, Clara Rojas, llegaron a Florencia, la capital del Caquetá, y se desplazaron en una camioneta rumbo a San Vicente cerca del mediodía del 23 de febrero del 2002.
Nunca regresaron.

Las primeras luchas obreras en Chile y la Comuna de Iquique

Servicios Google/anarkismo.net

by Julio César Jobet
Reproducimos el siguiente artículo del historiador chileno Julio César Jobet, tomado del libro "Recabarren: los orígenes del movimiento obrero y del socialismo chilenos", (Prensa Latinoamericana, Santiago, Chile, 1955). Lo reproducimos como un homenaje a uno de los pioneros de la historia del movimiento obrero chileno, y como un homenaje al pueblo obrero al que él rindió estas notas a guisa de tributo. Pese a algunas imprecisiones históricas (como afirmar incorrectamente que Olea murió en la Escuela), este documento sigue siendo una breve, valiosa e informativa ojeada al movimiento obrero chileno en sus albores.

Desde comienzos de la República organizada se produjo un cons­tante desarrollo de la minería (plata, carbón, cobre y salitre); de los bancos y el comercio; la agricultura se extiende con la incor­poración de nuevas regiones; se construyen numerosas obras pú­blicas (ferrocarriles, puentes, puertos, caminos, edificios), todo lo cual produce una profunda transformación en la estructura económica y social del país. El desenvolvimiento de estas acti­vidades económicas por medio de una explotación intensa del trabajo humano provoca un proceso de acumulación primitiva de capitales que, a su vez, acelera y amplía el proceso capitalista de Chile. Coexisten formas semifeudales de producción, en el cam­po, con formas capitalistas de producción. Al lado de la clase latifundista se constituye una pujante burguesía minera y, tam­bién, se forma una importante oligarquía bancaria. El capitalis­mo naciente se mantiene dentro de los límites de un capitalismo comercial y bancario. En la habilitación o financiamiento minero (préstamo garantizado con la venta de la extracción minera) tie­nen su origen poderosos bancos con asiento en Valparaíso. Este capital mercantil-bancario ayudó a ampliar la minería, impul­sando una forma más avanzada de desarrollo económico. Al mercantilismo sucede la etapa industrial. La minería se conso­lida como una industria poderosa. Se forman grandes capitales industriales y se constituye una burguesía mercantil manufactu­rera, a través de decenas de sociedades anónimas mineras, comer­ciales e industriales. La expansión de la etapa mercantil manu­facturera permitió una apreciable exportación de capitales en busca de fuentes más lucrativas. Desde ese instante se intensificó la explotación del guano y salitre de Tarapacá.

La exportación de capitales de Valparaíso contribuyó al desarrollo de Tarapacá, y cuando tuvo que retirarse a causa de la política nacionalizadora peruana se concentró en Antofagasta. En defensa de esos capitales, por un menor derecho de expor­tación, se produjo la guerra de 1879, pues los capitalistas afecta­dos poseían una fuerte intervención política.

La formación del proletariado y sus primeras actividades

En la base del progreso económico analizado, se constituye el proletariado como clase social. A raíz del proceso de expropiación y concentración de la propiedad agraria, en el campo se verifica un constante despido de inquilinos y peones que dan vida a un proletariado sin tierra ni hogar. La mayor parte es absorbida por las minas y las obras públicas, formando el proletariado minero y de la construcción; otro sector se fija en aldeas, donde vive de minúsculos trabajos; otra porción se convierte en vagabundos y bandoleros, dedicados al robo de animales (abigeato). De ahí el dictado de drásticas leyes para reprimir con fuertes castigos la vagancia, la mendicidad y el robo de animales (leyes penales de 1874). En las faenas mineras el trabajo es durísimo y la explo­tación intensa, experimentándola por igual hombres, mujeres y niños. Cuando se discutió el Proyecto de Código de Minería en d Congreso, en 1874, se estableció que 12 años sería la edad mí­nima para trabajar en las minas, pues lo hacían niños menores de esa edad.

El movimiento mancomunal

Las combinaciones mancomúnales de obreros son en realidad los primeros sindicatos de obreros, con características muy propias de Chile. Tienen más de sindicato de resistencia que de mutual. Nacen en los puertos de la región salitrera y en la zona del carbón. Pronto se desarrollan hacia el interior: pampas, minas, ciudades industriales. Fomentan la solidaridad obrera y organizan a los trabajadores; protegen a sus afiliados con ayuda asistencial, crean escuelas y publican periódicos de lucha. Son auténticos orga­nismos de la clase obrera, mezcla de sociedad de resistencia y de socorros mutuos. Su finalidad esencial es la defensa del tra­bajo y del obrero, creador de la riqueza. De aquí la furia con que son atacadas por los patrones y por el Gobierno, que ampara a la clase capitalista. Al comienzo, el propósito de las mancomúnales aparece oculto en fines de unión y bienestar mutuos; pero a medida que crece la organización, se precisa su verdadera finalidad, y así queda claramente manifestada cuando la Combinación Mancomunal de Atacama habla de que "esta ins­titución trabajará por la emancipación social y económica de los trabajadores, emancipación que considera como principio inalie­nable". Del mismo modo, la Federación de Trabajadores de Lota y Coronel proclama la emancipación social y económica de la clase trabajadora como su razón de ser. Por otra parte, el carácter proletario de estos organismos se refleja en la exigencia de "per­tenecer a la clase obrera" para obtener la afiliación. Su orga­nización interna parte de la consideración de grupos y gremios, como base, hasta la constitución de un Consejo Directivo Gene­ral y de un Congreso General. Para evitar la burocratización exi­gen que su presidente y vicepresidente estén "en servicio activo de trabajo". De esta manera, los líderes desempeñan sus activi­dades gremiales y realizan sus tareas para sustentarse.

La primera "Combinación Mancomunal de Obreros" se cons­tituyó el 21 de enero de 1900, en Iquique, organizando a los por­tuarios de esa ciudad Su primera directiva estuvo presidida por Abdón Díaz, lanchero. A fines de 1902 tenía 2.800 afiliados y en los años de 1903 a 1904 llegó a tener de 4.000 a 6.000 miembros. Publicó el periódico "El Trabajo", cuyo primer número apareció el 6 de julio de 1901, dirigido por el periodista Ariosto Zenteno. Se transformó en diario, con una tirada de varios miles de ejem­plares y duró hasta 1908. Señala las condiciones de vida de los obreros, los problemas locales, las huelgas. Simpatiza con el so­cialismo. La Mancomunal de Iquique se extendió a Pisagua y Caleta Buena y mantuvo filiales en las Oficinas salitreras. Realizó grandes campañas contra la explotación y los abusos (los cachu­chos que no poseían rejillas protectoras, el peso de los sacos, que era de 130 kilos, las pulperías de precios extorsionadores), condujo huelgas y sufrió grandes persecuciones.

La organización sindical del puerto de Iquique creó, en 1903, el "Partido Obrero Mancomunal", que editó una hoja: "El Obrero Mancomunal".

El 1o de mayo de 1902 se formó la "Combinación Manco­munal de Obreros" de Tocopilla, presidida por Gregorio Trinca­do, lanchero. Publicó "El Trabajo", cuyo primer número apare­ció el 18 de octubre de 1903 y duró hasta 1905 más o menos (su lema era: "La libertad de pensar es un tesoro que sólo se conserva gastándolo"), bajo la dirección de Luis Emilio Recabarren, quien ayudó al abogado Lindorfo Alarcón para que sacara a luz "El Proletario", como órgano del Partido Democrático, en 1903-1904.

En agosto de 1902 se formó la Federación de Trabajadores de Lota y Coronel, que al año de funcionar contaba con 2.000 afiliados. Sus principales dirigentes fueron: Luis Morales Morales, presidente, y Víctor Alarcón, ambos anarquistas. Editó en Coronel el periódico quincenal "El Alba", durante los años 1902-4, que se transformó en "La Defensa", en favor de las sociedades de resistencia y de las huelgas de los mineros.

Las grandes huelgas y represiones sangrientas de comienzos del siglo XX

La propaganda realizada por sus diversas publicaciones, en don­de denuncian los abusos del capitalismo y las míseras condiciones de vida de las multitudes laboriosas; la constitución de sus pri­meras organizaciones de lucha, y la presentación de coyunturas especiales, de carácter económico, provocan las primeras huel­gas violentas y las anexas represiones de las autoridades, de nuestra historia social.

Desde fines del siglo XIX, en 1898, se desatan grandes huel­gas. Se inician en Iquique, llegan a Santiago y afectan a diversos puertos. De estas huelgas, alcanzan caracteres extraordinarios la de diciembre de 1901 y enero de 1902, en Iquique, dirigida por la Combinación Mancomunal de Obreros de Iquique. Durante 60 días se mantuvieron firmes los distintos gremios del puerto, a pesar de la prisión de Abdón Díaz, presidente de la Manco­munal, y de diversas medidas ensayadas para romperla. Más tar­de se suceden huelgas continuas en Antofagasta, Lota (mayo 1902), Valparaíso (agosto 1902), Santiago (en abril de 1902, en la Empresa de Tracción Eléctrica, con mítines, desfiles, sablazos y heridos), Tocopilla (en diciembre y enero de 1903, los lan­cheros permanecen paralizados más de 30 días). El 28 de enero de 1903 estalló una huelga general en la región carbonífera, di­rigida por la Federación de Trabajadores de Lota y Coronel, que duró 43 días. Fuerzas militares y marinería del "Zenteno" pro­vocaron diversos muertos y heridos.

El 15 de abril de 1903 se inició en Valparaíso un movi­miento que alcanzó contornos dramáticos. Se declararon en huel­ga 600 estibadores de la P.S.N.C. al serles rechazadas sus peti­ciones cíe mejoramiento económico. Se sumaron a ellos los es­tibadores de la C.S.A.V., los vaporinos, tripulantes, lancheros, has­ta paralizarse totalmente el Puerto. Se agregan los jornaleros de aduana. Los patrones y las compañías traen, entonces, gente de afuera, originándose incidentes graves. En Santiago se realizan actos de solidaridad, el 11 de mayo, y en ellos se destaca como orador el dirigente anarquista Magno Espinoza. El 12 de mayo, en el Puerto, los huelguistas llegan a los muelles a impedir el trabajo de los rompehuelgas, produciéndose violentos choques, con muertos y heridos. Desembarca la marinería, pero se niega a disparar. Los obreros incendian el edificio de la Compañía Sud­americana de Vapores; luego, tratan de quemar "El Mercurio", cuyo personal mata a siete manifestantes. (Desde entonces lo denominaban "Matasiete".) Incendian el malecón y diversos edi­ficios; asaltan agencias de préstamos y despachos. Hubo más de 50 muertos y 200 heridos, y centenares de detenidos. El Go­bierno envió seis regimientos para mantener el orden público. Sólo el 16 de mayo volvió la normalidad a Valparaíso. La so­lución del conflicto quedó entregada a una Comisión Arbitral, y ésta dio su fallo el 4 de agosto, haciendo plena justicia a las aspiraciones de los huelguistas.

El 12 de mayo tuvo grandes repercusiones y pasó a ser una fecha símbolo para los obreros y, con razón, se ha afirmado que es la manifestación revolucionaria inicial de la cíase trabajadora chilena, indicando el comienzo de una lucha de clases activa.

Se desencadenan nuevas huelgas en Antofagasta, Valparaíso (julio-agosto 1903), Santiago, Coronel, Taltal, Chañaral. En enero-febrero de 1904, durante 30 días, estuvieron en huelga los mi­neros del carbón en Lota; en setiembre del mismo año se para­lizaron las oficinas salitreras del interior de Tocopilla. Para so­focarla, intervinieron tropas y barcos de guerra, quedando varios muertos. En esta "operación" se distinguió el Comandante de la I División, general Roberto Silva Renard.

El 22 de octubre de 1905 las clases laboriosas de Santiago realizan un gran mitin en la Alameda, convocado por el "co­mité pro-abolición del impuesto al ganado argentino" (del cual era miembro Luis E. Recabarren), y al que asisten cerca de 30.000 personas. En ese instante estaba renunciado el Gabinete, y el Ejército se encontraba en maniobras en Quechereguas. Una delegación se trasladó a la Moneda llevando las conclusiones del Comicio. El pueblo quiso entrar a la Moneda, y se produjo un choque con la policía. Toda la tarde del domingo hubo inciden­tes entre los manifestantes y la policía. Se formó una guardia blanca, que unida a los bomberos armados comete tropelías y exaspera a las masas; ocurren desmanes y quedan numerosos he­ridos. El lunes se declara una huelga general. El pueblo asalta agencias, despachos y castiga a numerosos especuladores. La po­licía dispara, haciendo numerosas bajas: alrededor de 70 muer­tos y 300 heridos, y 530 detenidos. ("El Ferrocarril".) La policía tuvo que retirarse de la Capital a reunirse con el Ejército; el pueblo tomó posesión de las comisarías. El martes llegó el Ejér­cito a Santiago, siendo convertido en campo de batalla. No se supo el número exacto de muertos y heridos[1].

La semana roja fue la protesta multitudinaria por el enca­recimiento de la vida (sobre todo, del alza del precio de la car­ne), los bajos salarios, la incapacidad e incomprensión del Go­bierno y de los partidos políticos para solucionar los problemas que agobiaban a las clases modestas.

La represión del movimiento de Santiago no atemorizó a los sectores populares, y nuevas huelgas estallan en Valparaíso, Pisagua, Coquimbo, Punta Arenas.

En Antofagasta, el 1 de febrero de 1906, los operarios del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia presentan a su administra­dor una solicitud, pidiendo hora y media para almorzar, pues con una hora no alcanzaban a llegar a tiempo, motivo por el cual los multaban y castigaban abusivamente. Es rechazada, y dos días después se declaran en huelga; se les unen los obreros do la Compañía de Salitres (quienes solicitan un 20% de aumento de salarios); pronto solidariza la Mancomunal y se paran los portuarios y fábricas. Llega el crucero "Blanco Encalada", desembarca tropas con ametralladoras; se forman guardias de oí den. El martes 6 de febrero se lleva a efecto un mitin en la plaza Colón. La guardia de orden y la tropa disparan: quedan 48 muertos. El pueblo desesperado quema agencias, diarios, al­macenes. La represión total dejó más de 100 muertos. Fue aprehendido Recabarren, candidato a diputado; se clausuró "La Van­guardia" y se apresó a su personal y al del periódico "El Ma­rítimo". (No obstante, Recabarren fue elegido diputado.)

La ola de huelgas no se detiene: en Santiago (una gran huelga ferroviaria que duró mes y medio, a raíz de su exigencia de (junio el pago de los salarios se hiciera en moneda de 16 d.); en Concepción (junio de 1906), Valdivia, Coronel...

El 1 de mayo de 1906 adquirió grandes proporciones. En Santiago desfilaron más de 10.000 obreros. En el comicio el orador principal fue Luis E. Recabarren. Asimismo fue grandioso en Valparaíso, bajo la dirección de la Confederación Mancomunal de Trabajadores de Chile.

En 1907 las huelgas prosiguen a lo largo del país, y la celebración del 19 de mayo sirvió para exteriorizar una vez más el fervor de las clases laboriosas. En Santiago se paralizaron todas las faenas, y en el desfile participaron más de 30.000 personas, terminando en un gran mitin en el Parque Cousiño. El acto fue dirigido por la recién fundada Mancomunal y la Federación de Trabajadores de Chile. Alcanzó grandes caracteres esta celebración en Iquique, Valparaíso, Talca, Concepción, Valdivia...

Pero más tarde, el 27 de mayo, estalló una huelga en la Maestranza de los FF. CC. del Estado, en Santiago, siendo apoyada por las demás maestranzas del país, haciéndose total. Duró hasta el 10 de junio. Diversos gremios solidarizaron y plantearon sus propias reivindicaciones.

En diciembre de 1907 se produjeron numerosas huelgas en el norte. El 13 paralizó la Oficina de San Lorenzo, y pronto se propagó a las diversas zonas de la Pampa. Los obreros abando­nan los campamentos, y en columnas ordenadas bajan a Iquique. Los obreros de Iquique también se paran. Se reúnen más de 20.000 trabajadores en la Escuela Santa María. Eligen su co­mando y redactan su pliego de peticiones; aseguran el normal abastecimiento de alimentos y el problema de la habitación, e impiden que se altere la tranquilidad. Estos hechos son, incluso, reconocidos por la prensa de derecha. El Comité de Huelga lo preside el obrero-mecánico José Briggs (presidente de la Socie­dad de Socorros Mutuos Unión Pampina) y vicepresidente es Luis Olea, destacado dirigente anarquista, y lo integran repre­sentantes de las diversas oficinas del Cantón.

Las aspiraciones de los obreros quedan condensadas en un petitorio digno de conocerse:

"Reunidos en Comité los represen­tantes de las Oficinas participantes, plantean el siguiente acuer­do:
1) Aceptar que, mientras se supriman las fichas y se emita dinero sencillo, cada oficina, representada y suscrita por su ge­rente respectivo, reciba las fichas de otra oficina y de ella misma a la par, pagando una multa de cinco mil pesos, siempre que se niegue a recibir las fichas a la par.
2) Pago de los jornales a razón de un cambio fijo de dieciocho peniques (18 d).
3) Li­bertad de comercio en las Oficinas en forma amplia y absoluta.
4) Cerramiento general con reja de hierro de todos los cachuchos y achulladores de las Oficinas Salitreras, so pena de cinco a diez mil pesos de indemnización a cada obrero que se malogre a con­secuencia de no haberse cumplido esta obligación.
5) En cada Oficina habrá una balanza y una vara al lado afuera de la pul­pería y tienda para confrontar pesos y medidas.
6) Conceder local gratuito para fundar escuelas nocturnas para obreros, siem­pre que algunos de ellos lo pidan para tal objeto.
7) Que el ad­ministrador no pueda arrojar a la rampla el caliche decomisado y aprovecharlo después en los cachuchos.
8) Que el adminis­trador ni ningún empleado de la Oficina pueden despedir a los obreros que han tomado parte en el presente movimiento, ni a los jefes sin un desahucio de dos o tres meses, o una indemni­zación en cambio de trescientos o quinientos pesos.
9) Que en el futuro sea obligatorio para obreros y patrones un desahucio de quince días cuando se ponga término al trabajo.
10) Este acuerdo, una vez aceptado, se reducirá a escritura pública y será firmado por los patrones y por los representantes que designen los obreros.
Iquique, 16 de diciembre de 1907. Briggs y demás, delegados de las Oficinas
".

Al Comité Pampino se agregaron los representantes de los gremios de Iquique. Se mantiene el más perfecto orden y, prác­ticamente, asume la dirección de la ciudad. El 15 llegó el inten­dente Carlos Eastman, con gran séquito militar (regimientos, barcos de guerra, marinería con ametralladoras). Los salitreros no quisieron ceder ante la presión de los obreros, porque ello significaba una imposición que anularía "el prestigio moral que siempre debe tener el patrón sobre el trabajador", para el man­tenimiento del orden en las faenas. La autoridad capituló ante los salitreros y empezó a reprimir con las armas a los obreros. El 21 de diciembre, Roberto Silva Renard ordenó una espantosa masacre. La defendió en las siguientes frases: "Había que de­rramar la sangre de algunos amotinados o la ciudad entregada a la magnanimidad de los facciosos que colocaban sus intereses, sus jornales, sobre los grandes intereses de la patria... Ante el dilema, las fuerzas de la nación no vacilaron". (Informe del ge­neral R. Silva R. al Gobierno, publicado en "El Ferrocarril", de 15 de febrero de 1908.) Más de 2.000 muertos, entre ellos el di­rigente Luis Olea y varios obreros bolivianos, peruanos y argen­tinos, quedaron en las calles de acceso a la Escuela Santa Ma­ría. Rendidos los obreros fueron trasladados al Club de Sport, donde la masacre continuó; luego fueron embarcados en trenes al interior, con nuevos muertos, ante las numerosas negativas de volver al infierno blanco.

El Gobierno aprobó la actitud de Eastman y Silva Renard, clausuró "El Pueblo Obrero", de Iquique; empasteló "La Refor­ma" y "La Época", de Santiago.

La masacre silenció la Pampa y significó un retroceso mo­mentáneo del movimiento obrero; pero pronto se desataron nuevas huelgas a lo largo del país y prosigue la tenaz lucha del pro­letariado por su emancipación.


[1] Véase el libro de Benjamín Vicuña Subercassaux: El socialismo revo­lucionarlo y la cuestión social en Europa y Chile, 1908, publicado con motivo de la aparición violenta, en la escena política, del proletariado nacional. La obra indicada refleja con toda nitidez el pensamiento de las "clases cultas", en esa época, frente a las doctrinas socialistas y al despertar popular. Su autor analiza y refuta las ideas de Marx (aunque confiesa: "Yo también... creía en Marx"), y, en general, ataca con violencia las afirmaciones del socialismo y el anarquismo según Bebel, Jaurés, Kropotkin, etc. Con respecto a lo sucedido en Chile, reproduce un artículo suyo escrito en "El Mercurio" sobre los sucesos del 23 de octubre, cuando, según B. V., el populacho de la capital, dirigido por cabecillas socialistas y oradores anarquistas, trató de despedazar el centro aristocrático de la ciudad. Describe con palabras entusiastas la actividad de los jóvenes que se armaron (guardias blancas) para repeler a los "descamisados-peonada de los suburbios", y cómo los rechazaron. Resume la jornada represiva en frases despiadadas: "por suerte, sus cadáveres quedaron tendidos al pie de los monumentos rotos. . . o sobre los jardines destrozados...".

miércoles, diciembre 19, 2007

Manuel Salazar; refuta con fuerza a Narciso Isa Conde

Manifiesto a la izquierda y pueblo dominicano

Manuel Salazar
pctml@hotmail.com

7 de diciembre, 2007.-

(Primero que todo, debo decir, que no me gustan estas cosas, porque no van con mi manera de ser, y porque no aportan nada a la formación e integración política del pueblo a la izquierda. Por eso, a cada ocurrencia y maltrato de Narciso, respondo diciendo “ese es Narciso siendo Narciso”, como le dicen a Manny Ramírez en la pelota de Grandes Ligas; respondo como responde la mayoría de los militantes actuales.

Porque sabemos, que así como el azúcar es dulce, Narciso es insolente. Así como la sal es salada, Narciso es soez. Así como el vinagre es agrio, Narciso es estridente. La insolencia, lo soez y estridente, son propiedades que se han hecho naturales en su personalidad.

La mayoría de los de izquierda con más de 25 años de militancia, sabemos que la radicalidad que Narciso expresa en la palabra insolente, soez y estridente, no es tal radicalidad política, no es de los hechos; no hay nada práctico que diga que es radical en el sentido en que el marxismo entiende la radicalidad. Es palabra, espectáculo, la expresión externa de un trauma, de una vergüenza histórica que lo lacera por su trayectoria inconsecuente, desde sus años juveniles. Es la expresión de un trauma aderezado por expectativas políticas personales creadas, que cada vez están más lejos. Un trauma que se resiste a liberar por el camino de la autocrítica, de la humildad.

Soy partidario de la crítica y la diferenciación políticas. Demás está decir, que Narciso o cualquier persona deben hacer uso de esos recursos cuando les sea necesario. Pero me parece de rigor, que se hagan con un mínimo de respeto y en los términos adecuados a la decencia, especialmente una persona como Narciso, que hasta por su edad debe tener cuidado de las palabras con las que califica las posiciones de sus criticados, o a estos mismos.

Reitero que no me gustan estas cosas; nunca critico o cuestiono de manera pública ninguna posición o actitud de grupo o dirigente algunos de la izquierda, pero me parece que Narciso está muy sobrado y tal como le dije en un artículo en 1989, “ni tiene razón, ni puede dar lecciones”, en nada, ni de nada.

Así refieran a Narciso Isa Conde, estos juicios son políticos, porque él es su política y su política es él; uno y otra se amalgaman, él es el motivo y fin de su política.

Lo personal ha quedado en la gaveta, porque no corresponde de otra manera).

Yo soy hijo político de Maximiliano Gómez- El Moreno
Narciso Isa Conde es hijo político adoptado de Balaguer

Mi nombre es Manuel Salazar, un semidesconocido, porque he hecho una militancia libre del alboroto y del sensacionalismo mentiroso. Nunca he procurado inducir una noticia, denunciando que quieren asesinarme, ni organizando un hecho imprudente para generar un apresamiento por parte de la Policía y mis compañeros salgan a exigir la libertad; a pesar de que en mis casi 40 años en el movimiento nunca he estado en la orilla ni observado el proceso detrás de los cristales. Lo poco que se me conoce, es por el trabajo continuo, y medible que realizo. Soy, a mucho orgullo, hijo político de Maximiliano Gómez- El Moreno y mis tíos, primos y amigos políticos, son muchos de los que fueron asesinados, perseguidos, encarcelados y exiliados por la dictadura de Balaguer.

En cambio, Narciso Isa Conde, es hijo político adoptado de Joaquín Balaguer. Justo en este año, ha sido el 30 Aniversario de la declaración- decreto, mediante el cual, Balaguer designó a Narciso como “la flor de la izquierda dominicana”, el “líder de la izquierda” que ese dictador quería en la oposición. Asesinatos aleves a la militancia de izquierda, sangre, luto, cárceles, exilio, a los militantes de esta corriente, fueron el marco en que Narciso Isa Conde fue bautizado como “líder de izquierda”; o como fue llamado por el pueblo en esos días: “la espuela izquierda del gallo colorao”. Es el que de manera permanente ha querido lavar esa mancha, con la palabra estridente, el sensacionalismo y el espectáculo.

Diletante sin par y sin parar y dado a escurrir el bulto desde su juventud.

En sus tiempos de estudiante, Amín Abel Hasbún, hubo de destacar la inteligencia y la voluntad de trabajo revolucionario del hoy desaparecido Narciso González, bautizándolo con el sobre nombre de Narcisazo, y lo hizo para distinguirlo de Narciso Isa Conde, por las cualidades chiquitas de este.

Esa genuflexión apareció consolidada cuando Caamaño llegó por playa Caracoles en febrero de 1973. Si se revisan los periódicos El Nacional, Ultima Hora y El Caribe, en sus ediciones del 6 al 15 de febrero, se puede comprobar por qué Balaguer lo hizo su hijo político adoptado y se puede entender el trauma espiritual que sufre este hombre. Porque horas antes de que Caamaño fuera asesinado en las montañas de Ocoa, Narciso Isa Conde estaba poníendo más interés en la vida de Balaguer que en la del líder del abril glorioso. Revísense las ediciones aludidas y allí encontrarán que, en vez de llamar al pueblo a respaldar a Caamaño, Narciso Isa Conde se empeñaba en sembrar la duda en torno a si de verdad había guerrillas en Ocoa, al tiempo que desviaba la atención nacional con la denuncia de que una supuesta “Operación Águila Feliz”, dirigida por Luis Amiama Tió, amenazaba matar a Balaguer para dañar el proceso de reforma agraria que este impulsaba y que era del interés del Narciso.

Narciso Isa Conde se refugia en las grietas de su propia personalidad y en el supuesto olvido de los pueblos, para declararse hoy abanderado del Caamaño que no se atrevió si quiera a decir que estaba en las montañas de Ocoa en 1973, porque lo que le interesaba era el favor político de Balaguer.

Cuando Balaguer fue derrotado por la voluntad mayoritaria del pueblo, el 16 de mayo de 1978, Narciso Isa Conde mostró de nuevo su condición de hijo agradecido y se integró al coro de los que pidieron que el triunfo del pueblo fuera desconocido, y que el General Neit Nivar Seijas, su protector, asumiera la jefatura del Estado, a la cabeza de una Junta Cívico-Militar. Esa es la historia.

Hasta a los años de 1980 a nadie en la izquierda se le ocurrió tratar siquiera con Narciso Isa Conde, porque se le consideraba balaguerista. Fue la indulgencia del Movimiento por el Socialismo, MPS, la que le tendió un ramo de olivo para que saliera de de debajo del ala del gallo colorao. Luego, cuando Fafa Taveras y José González Espinosa, comenzaron a impulsar la unidad de las izquierdas y también le tendieron la mano para que viniera a ganar la membresía en el litoral de izquierda.

Desde entonces, ya con carta de membresía en la izquierda, lo que ha hecho es dividir a la izquierda, acosar a militantes y luchadores populares y tachar de corrupto o narcotraficante a todo el que se le ocurre. Dividió al Partido Socialista Popular, PSP; diezmó y dividió al PCD; dividió al Frente de Izquierda Dominicana, FID; dividió a la Unión Caamañista Revolucionaria, UCR; y más adelante diré lo que hizo a partir de septiembre de 1998; desde el 2006, es decir, ahorita, inició faena en el despropósito de dividir a la Fuerza de la Revolución, FR y no lo logró, como pudo haberlo hecho antes con suma facilidad, porque los dirigentes y militantes de ese partido, al igual que la mayoría de la militancia de los otros grupos, estamos hastiados de esas andanzas.

Por esta actitud divisionista, es seguro que a Narciso Isa Conde se le hubiera acusado de agente de la CIA en los años de 1970.

Pero aclaro esto de inmediato: Narciso Isa Conde no ha sido, no es ni será agente de la CIA ni de nadie; tampoco es un vendido, como él suele acusar con ligereza a otros. Narciso es un traumatizado. Esta es la cuestión: un hombre que sufre en su interior el bochorno de haber sido hijo adoptado de Balaguer y haberle hecho el juego a este; que es además, megalómano sin piso. Esta es la cuestión.

Eso pasó, dirá, y dirán sus acólitos. No. Pasaron aquellos hechos, pero el lobo sigue, cambia los dientes pero no la mente. “De aquellos polvos, son estos lodos.”

Tras el paso del huracán George por nuestro país y los estragos sociales que dejó en 1998, todos los grupos de izquierda pusimos un gran empeño en forjar una unidad política y social. Cuando reinaba el entusiasmo en torno a ese propósito, Narciso Isa Conde confirmó su vocación divisionista; se fue, a la chiticallando, al Palacio Nacional, a reunirse y hacer un acuerdo mediante el cual el gobierno del Dr. Leonel Fernández, financiaría unos proyectos para que carpinteros y albañiles, buscados por el “líder de izquierda”, restauraran casas en Azua y Bonao. Como siempre, Narciso Isa Conde justificó este bandazo en el realismo mágico en que sustenta todas sus posiciones políticas y personales. Esta vez dijo, que la labor de esos carpinteros y albañiles eran de un elevado calaje estratégico.

El esfuerzo unitario se desvaneció por las dudas que generó la actitud de Narciso, mientras que las críticas que le formularon algunas organizaciones por este caso lamentable, condujo a que su ego inflado reaccionara con actitudes rayanas en el caliesaje.

Dijo el gran José Martí que “cada cosa va con lo suyo”. A un hijo político adoptado de Balaguer, no le es difícil asumir el tan despreciable papel de Calié. Parece duro decirlo. Pero solo hay que revisar muchos de sus artículos en El Nacional, accesar a documentos que ha puesto a circular sin ningún rubor, y haber participado en exposiciones que ha hecho en encuentros políticos abiertos, para darse cuenta de que la actitud revanchista contra sus viejos compañeros de organización, le han hecho eructar caliesaje, solo porque mediante votación popular de los delegados a un congreso, fue desahuciado de la dirección.

Hombre de pasta mala. Hasta los compañeros que su partido asignó para que custodiaran su vida, a los que se supone debió apreciar tanto como a su propia vida, terminaron siempre aborreciéndolo; una generación tras otra, a causa de su egoísmo.

Zigzagueante: apoya a Jruschov en la Unión Soviética, pero también apoya las críticas que se le hacen a este cuando fue sustituido. Y así actúa con Breshnev, Chernenko, Andropov, todos los que subieron y bajaron en ese país, hasta llegar a la Perestroika de Gorbachov, a la que alabó con entusiasmo durante parecía que iría bien, y se lanza a despotricar contra la misma cuando colapsa.

Este hombre está traumatizado. Y está traumatizado, porque hace años que se hizo desquiciado. El es el desquiciado. Y en vez de adoptar una actitud humilde y de autocrítica por su trayectoria errática, trata de ocultarla con el discurso estridente, soez y muchas veces, indecente. Confirma que el ruido del bocón, oculta debilidades. En sus estridencias, cualquier persona que gane cierta relevancia pública u obtenga un éxito político, empresarial, deportivo o académico, resulta que es ladrón, o es financiado por el narcotráfico, o es un renegado. Este Narciso, es un terrorista de la palabra.

Se ha pasado de sublime, y como todo el que se pasa de sublime, ha caído en el ridículo. Insolvente, sin resultados en su país, ahora anda por medio mundo dando lecciones y diciendo lo que deben hacer a los que si han tenido éxitos.

Las inconsecuencias pueden ser lavadas. Con la inmolación, si se tiene valor. O de una manera más sencilla: con el retiro y el silencio definitivos, hasta que la profundidad del tiempo y la indiferencia, pongan punto final a una práctica política improductiva. Nada de escribir memorias siquiera, porque pudiera vomitar hasta la hiel, cuando observe la trayectoria que ha recorrido.

martes, diciembre 04, 2007

LA REVOLUCION CUBANA/ Las encrucijadas del nacionalismo radical, Y (9)

Servicios Google/Revelión, España

A diferencia de lo ocurrido en México, Bolivia o Nicaragua, la revolución cubana no se limitó a desplazar a la oligarquía del gobierno o a introducir reformas sociales. Puso en marcha todas las transformaciones anticapitalistas requeridas para erradicar la miseria y la explotación. El alcance de estos logros quedó posteriormente acotado por el aislamiento, los errores y las adversidades geopolíticas. Pero la introducción de grandes conquistas populares en la salud, la educación o las condiciones de trabajo demostró cómo se puede mejorar la vida de los oprimidos, en un país del Tercer Mundo.

La gesta cubana cambió la historia de América Latina al romper todos los frenos que interpone el institucionalismo burgués a la emancipación social. Transformó una revolución democrática en una transición socialista, trastocando por completo el pensamiento de izquierda. Los guerrilleros del 26 de Julio refutaron las concepciones que objetaban la posibilidad de un desenvolvimiento socialista en Latinoamérica. Evidenciaron que en cualquier país de la periferia es factible iniciar esta ruptura anticapitalista e indicaron el camino de ese rumbo.

Es importante recordar esta lección en un momento de generalizados cuestionamientos a la adopción de medidas más radicales en Venezuela o Bolivia. Muchos analistas advierten contra la introducción de reformas que amenacen la continuidad del capitalismo. Esgrimen los mismos argumentos que desaconsejaban el curso socialista de Fidel en 1960-61.

Durante la última década de preeminencia ideológica derechista, estos razonamientos invocaban el carácter indeseable de un sendero anticapitalista. Pero en la actualidad, algunos sectores de izquierda han retomado también las viejas tesis de la imposibilidad. Ya no se pondera tanto las virtudes del mercado, ni se resalta la inconveniencia de la planificación. Simplemente se afirma que el socialismo no es factible en América Latina.

Pero Cuba demostró que la revolución es posible a 90 millas de Miami. Un pequeño país -sometido al dominio norteamericano luego de obtener su tardía independencia de España- logró doblegar a una potencia, que tiene instalados sus marines en Guantánamo. Los guerrilleros retomaron una lucha secular por la independencia nacional y lograron imponerse frente al gran coloso estadounidense.

El Departamento de Estado no pudo sostener a su dictador Batista, ni proteger a los grupos mafiosos que trataban a Cuba, como una sucursal de sus negocios. Todos quedaron desconcertados frente a la impotencia del Pentágono para detener a Fidel y bloquear la radicalización de su gobierno.

Imaginaron que por medio de invasiones (Bahía de los Cochinos), atentados (600 intentos de asesinato de Castro), embargos (cuatro décadas de comercio exterior bloqueado), terrorismo (encubrimiento reciente del criminal Posada Carriles) e incentivo de la inmigración ilegal (ciudadanía norteamericana para cualquier cubano) lograrían destruir la revolución. Pero fracasaron y este resultado aportó una prueba contundente de la posibilidad de doblegar al imperialismo.

Si Cuba pudo lograrlo durante casi medio siglo: ¿Por qué no alcanzarían el mismo éxito en la actualidad otros países de la región? Esta posibilidad cuenta hoy en día con una ventaja coyuntural: el gendarme norteamericano está muy debilitado por sus fracasos en Irak y Medio Oriente.

Frecuentemente se afirma que Cuba pudo desafiar a Estados Unidos porque contaba con el auxilio de la Unión Soviética. Pero este sostén no estaba previsto ni predeterminado, sino que emergió de la propia dinámica del choque con el imperialismo. Fidel recurrió a la URSS para sostener la revolución frente a la agresión estadounidense mediante una estrategia de alianzas externas, que tiene innumerables antecedentes en otras coyunturas. Suponer que este tipo de contrapesos mundiales desapareció con la caída de la Unión Soviética, equivale a identificar ese derrumbe con el fin de las rivalidades internacionales. Esta creencia ha quedado recientemente desmentida por el agotamiento del unilateralismo que ensayó Bush.

Conviene, además, no olvidar que la URSS negoció serías restricciones políticas a cambio de su apoyo a Cuba luego de la crisis de los misiles (1961), para no obstruir su estrategia de coexistencia pacífica con Estados Unidos. Por esta razón el Che Guevara denunció la ausencia de solidaridad internacionalista por parte de los líderes soviéticos. Una ruptura anticapitalista carecería, en la actualidad, del viejo sostén del “campo socialista”, pero no cargaría con los costos de ese apoyo. Podría recurrir al amplio espacio de choques geopolíticos, que le ha impedido a Estados Unidos recolonizar el Medio Oriente.

Pero lo más importante es el propio contexto regional. Cuba debió soportar el cerrojo impuesto por el Departamento de Estado, luego de su abandono de la OEA. Con pocas excepciones el grueso América Latina cortó vínculos con la isla. En la actualidad el imperialismo ha perdido esa capacidad de aislamiento. Los fracasos diplomáticos que acumula Bush frente a Chávez ilustran este retroceso. Estados Unidos ya no maneja los presidentes latinoamericanos como títeres y afronta conflictos con sus propios aliados en la región.

Existen, además, ciertas articulaciones políticas -como el ALBA- que contrapesan la ofensiva norteamericana, en un contexto de rivalidades económicas de la primera potencia con las principales burguesías de Sudamérica. No faltan, por lo tanto, condiciones favorables para encarar un giro socialista, si reaparece la audacia y la determinación que demostró Fidel a principios de los 60.

A veces se presenta lo ocurrido en Cuba como un hecho “excepcional” y se argumenta que obedeció a la peculiar cohesión política creada en la isla, durante la lucha contra Batista. Pero la secuencia de enfrentamientos iniciada con Moncada, seguida por la incursión del Granma y coronada con la resistencia en Sierra Maestra, no difiere de otras gestas revolucionarias. Lo que distinguió al movimiento 26 de Julio fue su consecuencia en esta lucha. Demostró gran flexibilidad en las distintas propuestas lanzadas desde 1957, pero nunca cedió en las exigencias democráticas y antiimperialistas básicas.

Esta firmeza determinó un salto socialista de la revolución, cuando fueron rechazados los compromisos de conciliación que propiciaban los reemplazantes iniciales del dictador (crisis de Urrutia, emigración de Miro Cardona). El enfrentamiento con los sectores guerrilleros opuestos al avance anticapitalista (Huber Matos) marcó un punto de inflexión. La decisión de seguir adelante con la revolución fue el signo distintivo del proceso cubano, en comparación con Chile, México o Nicaragua.

UN EFECTO PERSISTENTE

A veces se afirma que la “estructura económico-social” cubana favoreció la radicalidad de la revolución, dado el papel centralizador que tenía la industria azucarera. Pero peculiaridades equivalentes se han verificado en otros países. Lo distintivo de Cuba fue la contundente respuesta a las conspiraciones de la derecha. Esta reacción llevó a la acelerada nacionalización de los ingenios, las refinerías, las telecomunicaciones, el sistema eléctrico y las grandes propiedades rurales.

La ausencia de esta dinámica de respuestas políticas radicales socavó al resto de las revoluciones latinoamericanas y amenaza actualmente a los procesos surgidos de las rebeliones recientes. Desde el año 2002 han aflorado en Venezuela algunos rasgos semejantes a la coyuntura cubana del 60, especialmente en el terreno de la polarización socio-política. Pero esta confrontación no se ha traducido en un curso anticapitalista. Aunque los ritmos actuales difieren del pasado, una prolongación indefinida del status quo conducirá a perder la oportunidad para avanzar al socialismo. El imperialismo y la derecha ya conocen la lección y buscan evitar la repetición de la experiencia castrista.

El impacto de Cuba sobre América Latina ha sido perdurable. Tuvo un efecto inicial sobre la región semejante al generado por la revolución bolchevique en Europa o la victoria socialista de China en Asia. Pero a diferencia de ambas situaciones esta influencia se mantiene hasta la actualidad. En los años 60 una dirección jacobina franqueó todas las fronteras y condujo la revolución más allá de lo imaginable. Es imposible predecir si ese curso volverá a repetirse, pero existen tendencias potenciales a su reiteración en los actuales procesos nacionalistas. La radicalización es una posibilidad latente que la izquierda debe apuntalar.

Cuba consumó la única revolución socialista exitosa de la región y por eso persiste como referencia estratégica. Esta atención incluye el legado de internacionalismo que singularizó el proyecto del Che. También aquí la revolución cubana se distanció de sus precedentes, al encarar una expansión hacia América Latina simbolizada en la creación de la OLAS. Más allá de los errores cometidos por el foquismo de la época, esta política indicó caminos para romper el encierro nacional de una revolución. Ratificó en la práctica que el éxito del socialismo se juega en la arena regional y mundial. La actualidad de este internacionalismo es mayúscula y ya nadie concibe un proyecto de emancipación acotado al plano nacional.

Cuba también aporta enseñanzas de errores económicos y desaciertos en el modelo político. Este balance tampoco debe ser soslayado a la hora de evaluar las estrategias socialistas viables para cada país de la región. Pero incluso al considerar estos espinosos problemas, no hay que perder de vista que Cuba se diferenció por el desenlace positivo de su revolución. Y este resultado obedeció al curso socialista adoptado por ese proceso. Para avanzar en la actualidad hacia una meta semejante hay que debatir abiertamente otro tema soslayado: la revolución. Abordamos este problema en nuestro próximo texto.

19-11-07

BIBLIOGRAFIA

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-Whitehead Laurence. “Bolivia 1930-90”. Historia de América Latina, tomo 16, Cambridge University Press-Crítica, 1991, Barcelona.

1 El siguiente artículo forma parte del libro: Katz Claudio. Las disyuntivas de la izquierda en América Latina. Editorial Luxemburg, Buenos Aires (aparición a principios del 2008).

2Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su página web es: www.lahaine.org/katz

3 Hemos desarrollado esta caracterización en: Katz Claudio. “Gobiernos y regímenes en América Latina”. Los 90. Fin de ciclo. El retorno de la contradicción. Editorial Final Abierto, Buenos Aires, 2007.

4 Una comparación entre Chile y Venezuela subrayando estas opciones plantea: Mazzeo Miguel. “La revolución bolivariana y el poder popular”. Venezuela: ¿la revolución por otros medios?, Dialecktik, Buenos Aires, 2006.

5Hemos analizado estas diferencias en: Katz Claudio. “Las nuevas rebeliones latinoamericanas”. www.argenpress info/nota 25, 26 y 29 de octubre del 2007.

6 Este balance plantea: Clark Steve. “Apogeo y caída de la revolución sandinista”. Crítica de Nuestro Tiempo, n 9, julio-septiembre de 1994, Buenos Aires.

7 Esta visión crítica postula: Baltodano Mónica. “¿La izquierda gobernando en Nicaragua?”. Revista Archipiélago. Reproducido por Le Monde Diplomatique octubre del 2006.

8Esta caracterización presenta: Gilly Adolfo. “La guerra de clases en la revolución mexicana”. Interpretaciones de la revolución mexicana. Nueva Imagen, México, 1979.

9Una descripción de estas tendencias presenta: Lacabana Miguel. “Petróleo y hegemonía en Venezuela”. Neoliberalismo y sectores dominantes. CLACSO, Buenos Aires, 2006

10 La derecha publicita intensamente este enriquecimiento para desacreditar al chavismo. Un ejemplo: De Córdoba José. “Un producto curioso de la Venezuela de Hugo Chávez: los burgueses bolivarianos”. Wall Street Journal- La Nación, 1-12-06.

11 García Linera Alvaro. “Hay múltiples modelos para la izquierda”. Página 12, 11-6-07.

12 Un retrato de estas dificultades presenta: Aillón Gomez Tania. “La fisura del estado como expresión de la crisis política de la burguesía en Bolivia”. OSAL, n10, enero-abril 2003.

13 Burbano de Lara Felipe. “Estrategias para sobrevivir a la crisis del estado”. Neoliberalismo y sectores dominantes. CLACSO, Buenos Aires, 2006

14Hemos expuesto este problema en: Katz Claudio. "Socialism ou le néo-développementisme". Inprecor n 528/529, juin-juillet 2007.

15 Estos antecedentes pueden consultarse en: Bonilla-Molina Luis, El Troudi Haiman. Historia de la revolución bolivariana, Ministerio de Comunicación e información, Caracas, diciembre 2004

16 Un panorama de este radicalismo militar presenta: Prieto Rozos Alberto. Ideología, economía y política en América Latina, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2005.

sábado, diciembre 01, 2007

Las encrucijadas del nacionalismo radical (8)

NACIONALISMO MILITAR

El nacionalismo militar constituye otro antecedente de los actuales gobiernos radicales. La influencia de estos precedentes en el proceso bolivariano es visible en la propia trayectoria de Chávez, que irrumpió en 1992 en la escena pública a través de un levantamiento. Este episodio lo proyectó como figura nacional y le permitió liderar el frente político, que seis años después ganó las elecciones.

Su visión nacionalista se inspiró en las experiencias reformistas que encabezaron Velazco Alvarado en Perú (1974) y en las orientaciones antiimperialistas que en la misma época se ensayaron en otros continentes (primer Kadaffi de Libia). Absorbió en su juventud un pensamiento de izquierda, que se afianzó durante la confrontación con la guerrilla venezolana en 1975-89. Sobre estos pilares forjó la red de oficiales que ha constituido su núcleo de confianza15.

La relación del gobierno de Evo Morales con los militares es muy diferente. Sólo incluye una reivindicación lejana del breve intento nacionalista que comandó Ovando en 1969-70. Esa acción incluyó la nacionalización de las empresas petroleras, la restauración de los derechos sindicales y fue seguida por un breve episodio insurreccional. En ese choque el general Torres autorizó en 1971 la asamblea popular y la formación de milicias para enfrentar a la oligarquía.

Con excepción de estas dos experiencias la memoria popular boliviana asocia a los gendarmes con la represión al servicio de los explotadores. La historia militar reciente del Altiplano está signada por esa brutalidad, desde que Barrientos concertó en 1964-78 una alianza con las elites campesinas para aislar a los obreros y perpetrar el asesinato del Che. Con el auspicio de Banzer, las fuerzas armadas se convirtieron -en las últimas dos décadas- en una sucursal del Pentágono. Acumularon, además, un récord de escándalos por narcotráfico y corrupción, en su acción conjunta con los tres partidos que manejaron la vida política del país (MNR, ADN y MIR).

La historia militar de Ecuador es análoga al resto de la región, con ensayos nacionalistas de reformas a mitad de los 70 y múltiples dictaduras represivas al servicio de la oligarquía. Pero durante la reciente etapa de sublevaciones populares contra presidentes neoliberales (1997-2005) apareció una tercera variante personificada en Gutiérrez, que se diferenció del curso radical venezolano y del clásico derechismo reciente de Bolivia.

Este general retomó la tradición de duplicidad militar, al desplegar gran demagogia desde el llano y puro servilismo hacia los poderosos desde el gobierno. Desarrolló una carrera fulgurante y lideró una fractura del ejército, en el marco del levantamiento popular (enero del 2000). Esta actitud lo catapultó al año siguiente a la presidencia, con el apoyo de las organizaciones indígenas. Pero a los seis meses retomó descaradamente el curso neoliberal que había denunciado anteriormente, estrechó relaciones con el Departamento de Estado y encubrió a todos los funcionarios corruptos de las gestiones precedentes.

Gutiérrez no duró mucho. Tuvo que abandonar su cargo frente a la nueva oleada protestas contra el nuevo contubernio que estalló en abril del 2004. El general terminó aplastado por la misma ira popular que lo llevó a la presidencia. En un clima general de hastío, la población se decepcionó de los gendarmes que reemplazan a los políticos en el engaño de la población.

Las tres experiencias militares recientes de Sudamérica han sido distintas. El caso venezolano de evolución radical difiere del distanciamiento boliviano de la acción gubernamental y de la defraudación observada en Ecuador. Esta diversidad es también ilustrativa del variado comportamiento que asume la oficialidad en la región.

La tónica predominante durante el siglo XX fue el acatamiento de las órdenes de un alto mando entrelazado con las clases dominantes. Este papel generalizó la identificación de los militares con las tiranías y la custodia de los intereses de los terratenientes, industriales o banqueros. El ejemplo extremo de esta función fueron los golpes fascistas del tipo Pinochet.

Pero más frecuentes fueron las asonadas que solo buscaron compensar la incapacidad de los partidos burgueses para gestionar el estado. Esta modalidad de gobiernos militares presentó características semejantes a cualquier esquema civil. El mismo tipo de fracciones (neoliberales, ortodoxas, desarrollistas, heterodoxas) que predominan en la burguesía se observan en las fuerzas armadas.

Junto a estas vertientes del establishment también han existido diversos ensayos nacionalistas, que chocaron con el imperialismo y las elites locales. Estas experiencias alcanzaron un pico de radicalidad en tres epopeyas: el levantamiento armado en Brasil con banderas de la izquierda (Columna Prestes en 1935), la resistencia a los marines junto al pueblo en la República Dominicana (Camaño en 1965) y la convalidación de las milicias obreras frene al golpismo en Bolivia (Torres en 1971)16.

Otros precedentes de nacionalismo antiimperialista implicaron fuertes confrontaciones con Estados Unidos (Torrijos en 1968 por la nacionalización del canal de Panamá) y reformas agrarias, expropiaciones de complejos industriales o mejoras obreras de gran alcance (Velazco Alvarado en Perú). Estas vertientes se distinguieron del nacionalismo que encarnó Perón en Argentina, por la radicalidad en las medidas adoptadas y se diferenciaron de la experiencia de Vargas en Brasil. por su disposición movilizar a las masas.

DIFERENCIAR LOS PERFILES

Las intervenciones militares en América Latina abarcan desde el fascismo hasta la insurgencia antiimperialista, pero han incluido además muchas opciones intermedias. El brusco cambio de bando del general Gutiérrez es un ejemplo reciente de la ambigüedad que se ha observado en la región. Un agente de Estados Unidos como Batista ensayó varios coqueteos con el progresismo en Cuba y el propio Chávez mantuvo vínculos con el derechista argentino Seineldín, antes de adoptar definiciones a favor del socialismo. Probablemente el caso más enigmático de este universo gris es Humala, que se ha opuesto en Perú con un planteo nacionalista del conservador Alan García. Nadie logra descifrar si se orienta a reproducir a Chávez o a Gutiérrez.

En general los militares han perdido protagonismo político, luego del colapso de las dictaduras del Cono Sur. Pero su rol represivo en la acción anti-guerrillera (Colombia) o en el enfrentamiento con las movilizaciones sociales no se ha diluido (especialmente en México o Perú). Esta participación reactiva su influencia política.

La gravitación de las fuerzas armadas ha sido tradicionalmente explicada por la “debilidad de la sociedad civil frente al estado”. Pero esa fragilidad expresa, a su vez, el carácter históricamente endeble de las burguesías nacionales ante a sus rivales extranjeros y sus antagonistas populares. Los militares han gobernado -en forma endémica o periódica- para contrarrestar estas carencias y habitualmente actuaron como árbitros sustitutos del frágil poder burgués. El giro constitucionalista de las últimas dos décadas apunta a superar esta insuficiencia. Pero dada la inestabilidad de estos regímenes, nadie prescinde por completo de los militares.

Frecuentemente se ha utilizado el término “bonapartismo” para caracterizar esta función del ejército. La noción también indica a veces la presencia de los uniformados en puestos desechados por el personal civil. Pero se ha registrado un abuso de ese concepto, originalmente concebido para denotar situaciones muy provisorias. El Bonaparte acude en un momento excepcional de indefinición de las fuerzas en pugna, para garantizar la continuidad del orden burgués. Concluida esta intervención, también se extingue su rol. Por esta razón es incorrecto extender el uso de esa denominación a cualquier inestabilidad constitucional o exceso de presidencialismo.

Al utilizar en forma abusiva la noción de bonapartismo esta palabra se convierte en un comodín, que cataloga mucho y explica poco. La caracterización de Chávez como bonapartista incurre por ejemplo en este defecto, incluso cuándo es reemplazada por el término menos peyorativo de cesarismo.

El principal problema que plantea evaluar el rol de los militares, no radica tanto en la definición exacta de su mutable función. Lo más importante es reconocer en cada momento el carácter progresivo o regresivo de esa intervención. La ceguera frente al primer caso y las ingenuidades frente a la segunda variante han provocado efectos igualmente nefastos.

El primer error impidió comprender en el pasado que la pertenencia al ejército no era incompatible con el radicalismo de Caamaño, Torres o Torrijos, ni con el choque de Velazco Alvarado o Perón con las clases dominantes. Para comprender este conflicto bastaba con distanciarse del republicanismo abstracto y del antimilitarismo pueril que propaga el constitucionalismo burgués. La falsa oposición entre civiles y militares oculta la verdadera diferenciación que separa a la derecha con la izquierda y a los opresores con los oprimidos. Esta misma confusión impide actualmente aceptar el rol progresivo de Chávez o conduce a veces al alineamiento con la reacción. A esta degradación han llegado, por ejemplo, los ex izquierdistas de Bandera Roja o del MAS en Venezuela.

La tendencia opuesta al elogio indiscriminado de cualquier militar condujo a Salvador Allende a confiar en los generales golpistas. Un caso más patético fue la diferenciación que se establecía en Argentina, entre militares “más o menos reaccionarios” durante la criminal dictadura de Videla.

Si se reconoce que los uniformados integran una institución sujeta a las mismas divisiones y crisis que corroen a otros organismos del estado, su variedad de conductas pierde misterio. Esa multiplicidad expresa los desgarramientos recurrentes que acosan a esas instituciones, empujando a sus miembros hacia direcciones opuestas. Este curso antagónico han seguido recientemente Chávez y Gutiérrez.

Pero conviene también recordar que en los antecedentes más progresistas, ningún líder militar logró consumar un proyecto emancipador. Forjaron tradiciones antiimperialistas invariablemente inconclusas. Por esta razón sus experiencias se ubican -junto a lo sucedido en Nicaragua y México- en el campo de los ensayos frustrados. Ninguna variante de nacionalismo militar puede por sí sola avanzar hacia la ruptura anticapitalista. El camino hacia este giro exige otro basamento y otro curso, que fue transitado por los artífices del principal logro socialista en la región.

Continuará.-