jueves, marzo 29, 2007

La batalla de América Latina (-VII-)


O la contra-revolución antidemocrática de nuestro tiempo

Fernando Mires

-De Analítica, Venezuela

-SERVICIOS GOOGLE PARA BLOGGERS-

.
Cierto es que en Venezuela, los fundamentos propios a toda estructura democrática han sido gravemente dañados. En la nación venezolana no hay división de poderes, y el Presidente está embarcado en un proyecto que llevará a la formación de un partido único de poder y a la prolongación indefinida de su mandato. El Parlamento, en parte, por culpa de una mala política de la oposición, es un aparato absolutamente dependiente del ejecutivo. Lo mismo ocurre con el poder judicial. El régimen es radicalmente personalista, hasta el punto que los símbolos nacionales (sacramentos de toda democracia), son cambiados de acuerdo con el humor con que un día amanece el Presidente. Aniversarios de cruentas asonadas golpistas, han sido declarados como fiestas patrias, y el ejército, frente a su general en jefe, grita consignas necrófilas, entre otras, la amenazante “Patria o Muerte”. Los resultados electorales de diciembre del 2006, condujeron a la consagración del personalismo autoritario militar en términos casi absolutos. Existe, de hecho, en el momento que escribo estas líneas, una dictadura (por el momento) constitucional.

Cierto es también, que el Presidente venezolano está empeñado en reconstruir el sistema político, dando origen a un sistema de tipo corporativo formado por cuatro gradas. En la base, los consejos comunales, organizados en líneas verticales desde el Estado. En el medio, el Ejército, como institución tecnocrática y represiva, subordinado a la Presidencia. Luego, el “Partido Único Socialista” (¡PUS!), formado por funcionarios dóciles al Presidente. Y en la cúspide, el Presidente rodeado por un grupo de sus amigos más íntimos (entre los que se cuenta, como en Cuba, un hermano), quienes cumplen funciones burocráticas, ministeriales e incluso ideológicas.

Como la ideología comunista del siglo XX está demasiado desprestigiada para cumplir una función legitimatoria, el Presidente Chávez ha mandado confeccionar a sus “intelectuales orgánicos”, una ideología “ad hoc”, a la que ha puesto el pomposo título de “Socialismo del Siglo XXl”. Hasta ahora nadie sabe que es lo que ello significa, pero eso no parece importar al Presidente. El Socialismo del siglo XXl es simplemente todo lo que el Presidente hace y hará en nombre del socialismo del siglo XXl.

Tiene razón entonces Jorge Castañeda cuando teme que el “modelo de poder” del castrochavismo sea exportado, junto con el petróleo, a otras naciones latinoamericanas, sobre todo a aquellas que ya están girando alrededor del eje Cuba- Venezuela. Tiene razón además, cuando deja entrever que ese bloque pueda, y de hecho está ocurriendo, articularse con poderes mundiales como Rusia, Siria, Irán, incluso Corea del Norte. No obstante, y esta es mi posición, si bien desde una perspectiva histórica de “corto plazo”, las amenazas son evidentes para la democracia latinoamericana, estimo que, mirado el panorama desde una probable perspectiva de “periodización larga”, la situación parece algo más tranquilizante.

7.- El futuro no es quizás tan negro

Efectivamente, mirando la situación en perspectiva histórica, se obtiene la impresión que, después de las diversas elecciones que tuvieron lugar en América Latina durante el 2006, el poder chavista ya alcanzó los límites de su crecimiento, tanto externo, como interno.

Países como Bolivia, Ecuador, incluso Nicaragua, que aparecen por el momento como satélites del eje castrochavista, no poseen estructuras políticas estables. Por el momento, los presidentes recién elegidos, gozan de popularidad. Pero esa popularidad no dura, por lo general, más de dos años. Después de ese breve periodo, dichos gobiernos, enredados en las madejas de la inevitable corrupción, entrarán a realizar para mantenerse –como también suele ocurrir- concesiones a los sectores opositores. Ya es interesante constatar que durante la visita de Bush a diferentes países de América Latina, Evo Morales no se sumó a la campaña de insultos iniciada por Chávez. En ningún caso, entonces, la periferia del eje es un capital político seguro para el “castrochavismo”.

Además, el año 2008, el Presidente Bush abandonará el gobierno, hecho que tendrá una importancia enorme para el curso de la política venezolana. Bush, debilitado políticamente, es, como es sabido, el signo negativo de identificación del Presidente Chávez ¿Qué hará Chávez sin Bush? La gran mayoría de los observadores están de acuerdo en que Chávez necesita de Bush para perfilarse internacionalmente. Sin Bush, todo el espectáculo que monta Chávez -y no sólo en Venezuela- para aparecer como el anti-Bush, se vendrá al suelo. Probablemente, más de algún lector pensará que esos son detalles sin importancia. Puede ser, en verdad, que esos detalles no importen en cualquier país que no esté dominado por la tónica populista. Pero, para un gobierno radicalmente populista, dichos símbolos negativos son de enorme importancia. El populismo vive de símbolos negativos. Y Chávez ha logrado construir toda su simbología alrededor de Bush. En cierto modo, él ha ligado su destino simbólico al de Bush. El pequeño problema es que Bush es revocable. Ni el Presidente Chávez, con todos sus poderes, está en condiciones de asegurar un mandato indefinido al presidente Bush. Sólo cuando se vaya Bush, comprenderá Chávez, cuan grande era su amor por Bush. El amor verdadero sólo se descubre cuando se pierde.

Hay que considerar, además, que uno de los más grandes enemigos del chavismo, puede ser el Presidente Chávez. Su capacidad para crear resentimientos y aversiones, tanto hacia el interior, como hacia el exterior del país, es notable. Muchas veces, el Presidente Chávez se mueve en la política, como un elefante en una tienda de fina porcelana. Liberado de toda sujeción institucional, autonomizado de todo tipo de relaciones no sólo con la oposición sino que con respecto a sus propios partidarios, dará curso a su infinito caudal de fantasías, intensificará el montaje de sus frases heroicas, probablemente insultará a diversos mandatarios como lo ha venido haciendo consecuentemente, y con ello, irá ampliando su ya notorio aislamiento internacional. Por cierto, los altos precios del petróleo, podrán todavía ayudarlo; pero confiar una política en precios hoy desconocidos, no deja de ser un riesgo enorme.

---

Volver al directorio:

http://moises-iturbides.blogspot.com


lunes, marzo 26, 2007

La batalla de América Latina (-VI-)

.
O la contra-revolución antidemocrática de nuestro tiempo

Fernando Mires

-De Analítica, Venezuela

-SERVICIOS GOOGLE PARA BLOGGERS-


.

Estos son mis argumentos a favor de la tesis que sostiene que la contradicción democracia- dictadura militar no es reciente sino que constante. El castrochavismo es parte de la continuidad histórica del continente latinoamericano. Habiendo aparecido justo en los momentos en que la mayoría de las naciones del continente se abrían a la alternativa democrática, no puede sino ser visto, desde la perspectiva de, como la llama Laclau, “la revolución democrática de nuestro tiempo”, como un fenómeno histórico retrógrado, reaccionario, e intrínsicamente contrarrevolucionario.

Por supuesto, hay que agregar que ningún régimen militar es igual a otro. Lo que sostengo es que la alternativa dictatorial, que es la que se opone en América Latina a la alternativa democrática, ha sido, es, y será, una alternativa militarista, independientemente a que los militares sean rojos, verdes o grises. Lo dicho significa, a su vez, que éste artículo no debe ser interpretado como un ataque a la profesión militar. La profesión militar es tan digna como cualquiera otra. Aquello que sí sostengo, y con fuerza, es que el lugar que ha de corresponderles a los militares, en toda democracia, no es el lugar del gobierno. Pastelero a tus pasteles, generales a tus cuarteles, y políticos a tus partidos, para hacer oposición y gobierno.

6.- La amenaza dictatorial

El eje castrochavista, ha logrado, según Jorge Castañeda, coordinar a su alrededor a algunos gobiernos como los de Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, y en cierto modo, Kirchner en Argentina. Este es para Castañeda, el bloque al que deberían enfrentar, pero no enfrentan, el resto de los países latinoamericanos. Es por esa razón que, con justificada impaciencia, exige al gobierno de su nación, México, que tome la iniciativa e inicie la batalla política por la democracia. Ahora, independientemente a que, a primera vista, Latinoamérica aparece dividida en dos bloques políticos, tengo la impresión que el problema es algo más complejo. Ha llegado pues el momento de defender mi tercera y última tesis que dice así:
“La resolución de la contradicción democracia-dictadura, no dependerá tanto de los conflictos entre diferentes estados, sino que de las luchas democráticas al interior de cada nación, particularmente al interior de Venezuela”

La enunciación de esa tesis, lleva necesariamente a preguntarse si aquellos grupos de naciones que detecta Jorge Castañeda son realmente grupos, en el sentido exacto del término. Brasil, Chile, Perú, Colombia, México, Uruguay no pertenecen efectivamente al grupo castrochavista, pero eso no lleva a definirlos como un grupo político particular. Efectivamente, cada una de esas naciones tiene diferentes tipos de gobiernos, diferentes intereses y diferentes aliados internacionales. Sólo serían un grupo particular a partir de la definición de lo que no son (castrochavistas), y eso es muy poco para hablar de un bloque político. Desde una mirada inversa, es necesario también preguntarse si Bolivia, Ecuador o Nicaragua, son naciones no democráticas. Que sean gobernadas por partidos de izquierda o por líderes que utilizan una retórica revolucionaria, no lleva en ningún caso a definir a ninguna nación como antidemocrática.

Lo más normal que puede ocurrir a un país es que una vez gobierne la izquierda y otra vez la derecha. Y efectivamente, los gobiernos nombrados, son gobiernos de izquierda, que se han articulado alrededor de un eje controlado por dos liderazgos, uno abiertamente dictatorial que es el cubano, y otro cada vez más antidemocrático, que es el venezolano. Para el castrochavismo, la democracia no es un objetivo, sino que un simple medio instrumental en el marco de una estrategia “de toma de poder”, que en este caso aparece representada en el slogan (no es más que eso) del socialismo del siglo XXl. De tal modo, el problema de la antidemocracia no está en la periferia del bloque antidemocrático, sino que en el eje del bloque, en este caso, en el castrochavismo. No son naciones políticamente débiles como Bolivia, Ecuador o Nicaragua, las que representan un peligro para la democracia en la región, sino que la formación de un eje antidemocrático hegemónico, que es el castrochavismo. Esa es -para volver a jugar con una de las frases de Mao- la parte fundamental de la contradicción fundamental.

Ahora bien, resulta difícil imaginar -y con ello contradigo en parte una opinión de Castañeda- que algún gobierno, supongamos, el de México, pueda iniciar una disputa con la dictadura cubana. Como ocurre con cualquiera dictadura, con la cubana es imposible discutir. Con el régimen castrista sólo se puede negociar; discutir no tiene sentido. Nadie va a convencer a los hermanos Castro que una democracia representativa, con partidos, parlamento, división de poderes, es mejor que un sistema totalitario. No ocurre lo mismo en el caso venezolano, donde la lucha por la democracia se mantiene, y muy firme.

-

Volver al directorio:

http://moises-iturbides.blogspot.com


domingo, marzo 25, 2007

La batalla de América Latina (-V-)

.
O la contra-revolución antidemocrática de nuestro tiempo

Fernando Mires

-De Analítica, Venezuela

-SERVICIOS GOOGLE PARA BLOGGERS-
.
No es ninguna casualidad que la desmilitarización de la política latinoamericana haya sido coincidente con el derrumbe del comunismo, acontecimiento que puso fin a la Guerra Fría. Esa coincidencia no casual, que por un lado lleva al surgimiento de estructuras democráticas en los países de Europa del Este, y al establecimiento de gobiernos democráticos en aquellos países latinoamericanos donde la bota militar había sido más implacable (Chile, Argentina, Uruguay y Brasil), no ha sido evaluada con suficiencia en la literatura política de nuestro tiempo. Sin embargo, la coincidencia existe, y repito, no fue casual. Tiene que ver, sin duda, con la “ola democrática” detectada por Huntington en los años ochenta. En otras palabras: Con el ocaso de la mayoría de las dictaduras latinoamericanas, nuestro continente se sumaba a la revolución democrática mundial que parecía tener lugar después del fin del comunismo. Efectivamente, las dictaduras militares latinoamericanas, ya sea en su radical forma anticomunista, como la de Pinochet en Chile, ya sea en su radical forma antinorteamericana, como la de Castro en Cuba, no pueden ser sino explicadas en el marco de las condiciones determinadas por la Guerra Fría. En cierto modo, tanto la una como la otra, eran dictaduras de “representación”.

Estoy seguro que a más de algún lector de izquierda, incluso de la llamada izquierda “crítica”, molestará el hecho de que yo haya nombrado a Fidel Castro junto con Pinochet. Debo decir que lo siento mucho, pero yo no escribo para dejar contento a nadie. Por eso pido, a quienes molestan estas líneas, un pequeño esfuerzo intelectual. Pues quien quiera contradecirme deberá demostrarme que en Cuba no hay una dictadura, y que el poder político no reside en el Ejército. Deberá demostrarme además que en Cuba no hay presos políticos, ni exiliados (la cifra más alta de refugiados políticos del mundo, en proporción a la población del país) ni asesinatos por razones políticas (la cifra es muy superior a la de las dictaduras chilena y argentinas, más de 8.000 “ejecutados”, según informaciones de la directora Ejecutiva del “Archivo Cuba”, en informe presentado en Madrid el día 7 de marzo del 2007).

Que la ideología de una dictadura sea diferente a la de otra, carece, en este caso, de la menor importancia, pues este artículo no se ocupa de asuntos ideológicos.

Aquello que diferenciaba a la dictadura militar cubana de las dictaduras militares de los años sesenta y setenta en América Latina, aparte de su ideología, era naturalmente su pertenencia al bloque imperial soviético, mientras que las demás dictaduras se ubicaban en una posición antisoviética que, por supuesto, era favorecida por los EEUU (lo contrario habría sido ilógico). Más, después del colapso del comunismo, la dictadura de Castro, ya sin bloque de pertenencia internacional, pasó a ubicarse en la larga galería de las dictaduras militares centroamericanas y caribeñas. Castro no pertenece sólo a la historia de las dictaduras del Este europeo, sino que también a la historia de su país y de su región. En ese sentido, los hermanos Castro, en el espacio de una “periodización larga”, pueden ser percibidos como continuadores, en formato ideológico comunista, de las dictaduras de Machado y de Batista. Las revoluciones no son casi nunca tan revolucionarias como sus seguidores imaginan.

Desde que Napoleón continuó la línea del poder absoluto en nombre de la revolución, o desde que Stalin continuó la línea del zarismo en nombre del marxismo, la estrecha relación que se da entre revolución y restauración, se ha venido repitiendo sin pausa en la historia. Suele suceder así, que no hay nada más reaccionario que una revolución. La Cuba de Castro no es la excepción. La Venezuela de Chávez, tampoco. Allí, como ya han detectado algunos perspicaces historiadores, parece tener lugar, en nombre de la revolución, la restauración del militarismo dictatorial de Gómez y de Pérez Jiménez, aunque esta vez, bajo un diferente formato ideológico (socialista/nacional). A los militares no les interesa tampoco la ideología que los llevará el poder. Para alcanza el poder, cualquier ideología es “buena”. Pueden aparecer como nacionalistas, anticomunistas, comunistas, pro-rusos, pro-norteamericanos. Los que interesa, es el poder. Y en Cuba y Venezuela, ya lo tienen.

Los militares en el poder pueden incluso mutar de ideología. Recordemos las excelentes relaciones que estableció la URSS con la dictadura de Videla en Argentina. Aún tengo en mi biblioteca, ejemplares de la “Revista internacional”, donde teóricos comunistas soviéticos y argentinos, destacaban el “carácter progresista” de la dictadura militar argentina. No sólo EEUU ha apoyado a los militares latinoamericanos en el poder. La URSS también lo hizo: Batista, Caamaño*, Velasco Alvarado, Torres, Noriega, Videla y varios más, contaron con el apoyo directo o indirecto de la URSS. El militarismo castrochavista no es, desde esa perspectiva, demasiado novedoso. Hoy, mirando la historia a través de una “periodización larga”, se entiende mucho mejor porque hoy Rusia apoya al militarismo castrochavista. Del mismo modo, la contradicción entre democracia civil y dictadura militar, mantiene su continuidad en el tiempo. Después que el militarismo se batiera en retirada hoy, a través del castrochavismo, ha vuelto a las andadas. El castrochavismo es, desde esa perspectiva, la vanguardia de la contrarevolución antidemocrática de nuestro tiempo, en suelo latinoamericano.

*El autor cita al coronel Caamaño, líder, de la guerra Constitucionalista de Abril, (1965) entre los militares apoyados por la URSS o EEUU, Caamaño no recibió apoyo de ninguna de esas potencias envueltas en la guerra fría de entonces y en cuanto a EEUU, se recuerda que invadió a Dominicana con 42 mil infantes de marina, pero para apoyar a la parte contraria de Caamaño atrincherados en la Base Aérea de San Isidro y en el Centreo de enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA) al mando del entonces coronel Elías Wessin y Wessin, ambas instancias militares; enclaves remanentes de la dictadura de Trujillo. Las Fuerzas Constitucionalistas libraron fieros combates con las tropas interventoras norteamericana durante la guerra patria y específicamente los días 15 y 16 de junio cuando intentaron tomar Ciudad Nueva y la Zona Colonial de Santo Domingo, donde estaban acantonados los Constitucionalistas. (MI)

---

Volver al directorio:

http://moises-iturbides.blogspot.com


sábado, marzo 24, 2007

La batalla de América Latina (-IV-)


O la contra-revolución antidemocrática de nuestro tiempo
Fernando Mires

-De Analítica, Venezuela

-SERVICIOS GOOGLE PARA BLOGGERS-



.

Un detalle más que curioso, es que la iniciativa de reconexión rusa hacia América Latina no partió de Moscú, sino que del propio eje Cuba- Venezuela. Su lugar público de cristalización fue la propia ONU, cuando a mediados del 2006, el presidente Chávez levantó la candidatura de Venezuela para ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad.

Que Venezuela iba a ocupar dicha plaza en la ONU, era de por sí un bien entendido para muchas naciones. Eran muy pocos los países del mundo que estaban en contra de tan legítima aspiración. Sin embargo, el Presidente Chávez hizo de la ocupación de esa plaza, un tema de confrontación internacional. Derrochando enormes cantidades de recursos, viajó por todos los continentes, buscando apoyo para la supuesta lucha de Venezuela en contra del “imperio”. Rápidamente, Rusia, y todos sus satélites, acordaron sumarse a la “alternativa antiimperialista” del Presidente Chávez. Ello llevó, automáticamente, a la gran mayoría de los países de la EU, a ponerse en contra de la iniciativa venezolana que, repito, bajo otras condiciones, habrían apoyado. La entrada de Venezuela a la ONU se convirtió así, para Castro y Chávez, después para Putin, en un medio para crear, al interior de la propia ONU, un bloque de naciones opuestas a la hegemonía de los EEUU. En esas condiciones, lo menos que interesaba a Chávez y a Castro era que Venezuela ocupara un puesto en el Consejo de Seguridad. El objetivo era sólo propinar una derrota contundente a los EEUU. Dicha estrategia lleva, evidentemente, la firma y el sello, no sólo de Putin, sino que, además, de Fidel Castro.

Efectivamente, desde que Cuba es “socialista”, Castro no ha abandonado jamás un proyecto en el que, de una manera u otra, siempre fracasa. Ya sea, creando “internacionales” como la Tricontinental o la OLAS, en los años sesenta; ya sea, incursionando militarmente en África durante los setenta, ya sea, manipulando a “los países no alineados” (organización pro-soviética que ya desapareció), Castro ha intentado la creación de una estructura antinorteamericana de carácter internacional que sirviera a Cuba para romper su permanente aislamiento. En ese proyecto, embarcó a Chávez y a Evo Morales, en su fracasada “batalla de la ONU”. El resultado es conocido. Venezuela quedó fuera del Consejo de Seguridad. Más del 95% de las naciones que apoyaron a Venezuela, eran dictaduras. Y en lugar de aparecer una línea divisoria entre “los pueblos revolucionarios” y el “imperialismo norteamericano”, lo que lograron Castro y Chávez (más Putin) fue establecer una división entre naciones democráticas y naciones dictatoriales. De este modo, aunque el gobierno de Chávez no era (todavía) una dictadura, entró junto con Cuba, y arrastrando (lamentablemente) a Bolivia, a formar parte de la contrarevolución antidemocrática internacional de nuestro tiempo. Las relaciones entre Rusia y el eje Venezuela-Cuba, han continuado, por supuesto, intensificándose.

Esas son las razones por las cuales sostengo que los dos bloques de naciones latinoamericanas que muy bien detecta Castañeda, son expresiones de una contradicción que no sólo es latinoamericana, sino que mundial.

No obstante, la contradicción democracia- dictadura no es reciente en América latina. Me atrevería a afirmar incluso, que esa contradicción marca a la historia de América Latina. Desde la independencia respecto a España y Portugal, esa ha sido -para parodiar la expresión del Presidente Mao- la contradicción fundamental de nuestro continente. Pero, aludiendo de nuevo al marxista-confuciano Mao, para comprender un fenómeno histórico no sólo es necesario detectar a la contradicción fundamental, sino que también a la parte fundamental de la contradicción. Esa parte fundamental es la que distingue muy bien Jorge Castañeda en el artículo comentado.

Es hora entonces de pasar a fundamentar mi segunda tesis, que dice así: La contradicción democracia-dictadura no es reciente en América Latina. Aquello que es reciente es la forma ideológica que hoy asume.

5.- La contradicción fundamental

Si he afirmado que la contradicción política fundamental de la historia de América Latina ha sido la que se da entre dictadura- democracia, es necesario precisar que, la expresión dictatorial ha sido siempre militar. De ahí que la contradicción democracia- dictadura, ha tomado, además, la forma de: “o gobierno militar-o gobierno civil”. Visto el problema desde esa perspectiva, cabe considerar que, efectivamente, hasta los años ochenta, las dictaduras militares tendieron a predominar en América Latina por sobre la existencia de gobiernos civiles.


Volver al directorio:

http://moises-iturbides.blogspot.com

UE ofrece ‘experiencia de 50 años" para que dominicanos y haitianos construyan buenas relaciones

.
-De: http://www.clavedigital.com.do

DAJABÓN.-La Unión Europea ofreció su experiencia de 50 años y recursos técnicos y financieros para que Haití y República Dominicana construyan buenas relaciones basadas en una "solidaridad práctica”.

El embajador Dino Sinigallia, jefe de la Delegación de la Comisión Europea en República Dominicana, dijo que en coordinación con el organismo similar de la UE, que opera en Haití, contrató un equipo de técnicos que realizó un estudio sobre las perspectivas de las relaciones de las dos naciones que comparten la isla. Ese estudio determinó que en la Comisión Mixta Bilateral lanzada durante la primera administración del presidente Leonel Fernández “parece que las actividades han parado”.

“Colaborar, cooperar, trabajar juntos para avanzar juntos nunca significa para nosotros abandonar la soberanía nacional. 50 años de trabajo comprometido de integración regional en Europa han construido el bloque regional más grande y profundamente integrado del mundo, pero ni una sola fusión”, precisó el representante de la UE en República Dominicana.

Para conceptualizar su oferta de apoyo a Haití y República Dominicana para que construyan mejores lazos, el diplomático recurrió a Robert Schuman, fundador de la UE, quien en su histrórico discurso del 9 de mayo de 1950 abogó por una “solidaridad práctica”, donde precisó que “una solidaridad en los hechos es la mejor manera de construir buenas relaciones internacionales durables”.

Los planteamientos del embajador Sinigallia fueron expuestos en su disertación en el acto donde se anunció el inicio de los trabajos de construcción del mercado binacional de Dajabón.

A continuación, el texto integro del discurso del embajador Sinigallia:

Este es un momento importante. “Histórico” es una palabra a menudo abusada por los oradores, pero en esta ocasión, pienso que se justifica. Es la primera vez que inauguro un proyecto financiado por el programa regional del Fondo Europeo para el desarrollo.

Histórico porque este proyecto tiene años en preparación y es parte de un programa estratégico y mucho más ambicioso, que pretende estimular el desarrollo Nor-Oeste de la isla.

Histórico porque crea un instrumento moderno, un nuevo mercado binacional con su puente e instalaciones aduaneras, fitosanitarias y de control de migración, que va a tener un impacto a dos niveles.

Primero, va a estimular y regular el comercio binacional y así contribuir al desarrollo de esta región fronteriza.

Y segundo, va a contribuir a la construcción de una “solidaridad práctica” -y aquí estoy citando a Robert Schuman, fundador de nuestra Unión, en su discurso famoso del 9 de mayo 1950- “una solidaridad en los hechos es la mejor manera de construir buenas relaciones internacionales durables”.

Lo que estamos haciendo hoy, construyendo un mercado, es importante en sí, pero a mí me interesa mucho más como paso concreto y práctico hacia una nueva relación entre las dos naciones de esta isla de Quisqueya.

La UE comparte la visión de aquellos líderes de esta isla que piensan que el desarrollo de relaciones mejores y más fluidas es del mayor interés para ambas naciones.

A parte de los principios de solidaridad entre vecinos, hay muchos temas importantes, donde la colaboración efectiva se impone como necesidad –cada uno tendrá su propia lista, pero sabemos que incluyen el medioambiente, la salud pública, la migración, el comercio, el desarrollo fronterizo y, ¿por que no?, una alianza estratégica en los foros y asuntos internacionales.

Las buenas relaciones y la solidaridad práctica se deben ver y sentir, en ámbitos y niveles distintos, trascendiendo las sociedades: al más alto nivel del Estado, por supuesto, pero también entre parlamentarios, organismos específicos de la administración pública central –por ejemplo, la policía, migración secretarías de Estado de Comercio o de Agricultura o Salud, entre los municipios y los actores no-estatales del sector privado, las universidades y de la sociedad civil.

Me complace decir que hemos observado muestras, momentos si quieren, de cooperación a todos estaos niveles.

Se trata ahora de sintetizar esto, de asumirlo como política de estado y incorporarla en la misma cultura de trabajo; es decir, crear un ámbito realmente bi-nacional.

La UE quiere ayudar en lograr un desarrollo sostenible en ambos lados de la frontera, y pensamos que somos particularmente bien calificados para hacerlo.

Un enfoque para realizar esta contribución es, sin lugar a dudas, a través de los procesos regionales.

Somos todos socios en el acuerdo de Cotonou y los dos países pertenecen a la organización regional Cariforum. Los dos participan juntos en la Máquina Regional de Negociación, que está preparando el Acuerdo de Asociación Económica con la UE.

Hay un programa de cooperación regional generoso, cuyo sector único de intervención es el apoyo a la integración regional.

Así podemos contribuir a fortalecer las relaciones bi-nacionales a través de un fortalecimiento de un proceso multilateral de integración caribeña.

Ahora bien, podemos y queremos también ayudar de manera más directa y específica a fortalecer esta relación. La obra que estamos iniciando hoy es un ejemplo concreto, literalmente, de este enfoque.

Quisiéramos y podríamos hacer más.

Por ejemplo, un estudio que contratamos, juntos con nuestros colegas en la Delegación de la CE en Haití para ayudarnos a reflexionar sobre las perspectivas de las relaciones domínico-haitianas, habla muy claramente en el borrador del papel potencial de la Comisión Bi-nacional Mixta.

Nos parece ser una pista muy interesante.

Sabemos que la Comisión Mixta fue lanzada durante la primera administración del Presidente Fernández y que se menciona cada vez que se habla de relaciones bi-nacionales.

Sin embargo, parece que las actividades han parado.

Podríamos explorar con los dos gobiernos las modalidades de un apoyo técnico y financiero para que renazca y arranque.

Yo no dudo que una Comisión Mixta eficiente y productiva, que genera propuestas interesantes, recibirá todo el apoyo financiero internacinal que necesita.

Ahora voy a hablar muy francamente.

Sabemos que hay una relación compleja y tensiones históricas entre la República Dominicana y Haití. Entendemos algo de las razones para esta relación compleja.

Pero sabemos otra cosa también. Esto es, que si hay voluntad política y de la ciudadanía, estos problemas se resuelven, sobre todo cuando hay intereses reales y problemas importantes en común.

Aquí hablo con la autoridad de la experiencia nuestra como Unión Europea.

Este mismo mes estamos celebrando 50 años desde el Tratado de Roma, donde antiguos enemigos de la guerra más violenta de la historia de la humanidad firmaron un tratado estableciendo un mercado común, que hoy es una unión de 27 países y casi 500 millones de habitantes.

El Tratado de Roma se firmó 12 años después del fin de esta guerra.

La Unión actual contiene también ex adversarios decididos de la guerra fría que dividió nuestro continente por casi 50 años y que se acabo hace 17 años.

¿Por donde quiero ir con esta pequeña reflexión histórica?

Quiero decir que “si se quiere, se puede” construir relaciones diferentes para una época diferente.

Lo hemos hecho en las circunstancias más difíciles que se pueden imaginar y queremos que nuestra experiencia sirva.

No queremos imponer nada, pero estamos ofreciendo nuestra experiencia y nuestros recursos para apoyar la relación entre la República Dominicana y Haití.

Ahora que me he atrevido a entrar en temas sensibles, voy a aprovechar para abordar un último.

Colaborar, cooperar, trabajar juntos para avanzar juntos nunca significa para nosotros abandonar la soberanía nacional. 50 años de trabajo comprometido de integración regional en Europa han construido el bloque regional más grande y profundamente integrado del mundo, pero ni una sola fusión.

Entonces, vamos a dar un primer picazo para construir un mercado binacional. Que sea un picazo para construir una solidaridad bi-nacional también.

En los dos casos, la UE esta a su lado, al lado de los dos pueblos de la isla.

Creo sinceramente que nuestra historia nos da el derecho y el deber de hablar de la construcción de relaciones entre vecinos de condiciones difíciles, y con la misma sinceridad ofrezco el apoyo de la UE a los pueblos dominicano y haitiano en sus esfuerzos para cambiar la realidad social, económica y política de sus países en búsqueda, y aquí voy con otro lema de la UE, de “la paz, la prosperidad y la solidaridad”.

Nota del Editor:
Si quisiera la Unión Europea ayudar a los haitianos demandara de Francia que se hiciera una colonia agroindustrial en Guyana Francesa que tiene terrenos agrícolas A1, baldíos, en la misma cuenca del Caribe.

Guyana es la mayor extensión de terreno de ultramar de Francia, la Isla de Santo Domingo cabe 3 y media veces en Guyana y los terrenos baldíos son casi cuatro veces la extensión de la hermana Haití.

El Club de amigos de Haití lo componen cinco naciones, Francia, Argentina, Canadá, Estados Unidos y Holanda, la entidad es tan inoperante que no se habla de ellos, estos todos son productores de gran tecnología e insumos agrícolas, Argentina tiene grandes extensiones baldías en las Pampas y prefiere ofrecerles facilidades a lejanos campesinos australianos, teniendo a los haitianos en su vecindario, los organismos de Derechos Humanos controlados por el racismo de las grandes potencias no ven esto, solo evalúan los conflictos de las dos naciones angustiadas en la única isla con dos naciones en el mundo, aunque no es la más grande.

Porqué no se hace una colonia agroindustrial en la Guyana Francesa, para producir alimentos y vender los excedentes en los mercados europeos y norteamericano, La FAO, constantemente esta alertando sobre la falta de alimentos, Argentina y Estados Unidos tienen grandes extensiones de terrenos no cultivados, EU tiene una faja semitropical baldía en Alabama, donde se han hecho pruebas de cultivos tropicales y se pueden producir con éxito, hay más que decir he escrito mucho de esto.

Francia ha demandado de República Dominicana que no permita a los haitianos viajen a sus posesiones del Caribe desde los aeropuertos dominicanos, esto evidencia que no los quieren pero como no tienen moral para exigirles visa o deportarlos quieren que Dominicana les impida viajar, ¿Dónde estaba la Delegación de la Unión Europea cuando Francia hizo público ese anuncio? ¿Por qué guardó silencio entonces?

La diplomacia norteamericana con sus aliados en la ONU ordenaron el desmantelamiento de Las Fuerzas Armadas Haitianas y mandaron a los generales a sus casas con sus tropas y sus armas, los convirtieron ejército desocupado armado, ahora no saben de donde ha surgido la violencia, a menudo las autoridades militares y policiales dominicanas sorprenden haitianos vendiendo armas en territorio dominicano. Esto ha resultado un fracaso más de la diplomacia estadounidense y sus aliados.

La delincuencia dominicana esta armada de metralletas USIS, AK, FALS, Bereta, etc. y nadie se ocupa de investigar la procedencia de esas armas de uso militar que evidentemente entraron por la frontera después de disueltos los cuerpos armados de Haití. La Delegación Europea propone más de lo mismo, el problema haitiano no podemos resolverlo solo en territorio dominicano porque sencillamente no cabemos, es necesario alternativas de terreno y lo tienen las naciones grandes ¿Y que tal Brasil? Moisés Iturbides.

Volver al directorio:

http://moises-iturbides.blogspot.com


miércoles, marzo 21, 2007

La batalla de América Latina (-III-)



O la contra-revolución antidemocrática de nuestro tiempo

Fernando Mires

-De Analítica, Venezuela

-SERVICIOS GOOGLE PARA BLOGGERS-

Moscú, después de su acercamiento inicial al contexto europeo occidental, está convirtiéndose en un “número aparte”. El gobernante Patín, legitimado en elecciones democráticas, ha llevado a cabo una política marcada por un corte autoritario y potencialmente dictatorial. El genocidio que comete en Chechenia, por ejemplo, más pavoroso aún que las intervenciones norteamericanas en Irak, se realiza ante el beneplácito de la prensa europea y de sus políticos que temen, y con cierta razón, enemistarse con una potencia atómica que además maneja el monopolio del gas subterráneo.

La represión que comienza a ejercer Patín en contra de la oposición democrática rusa es aún más dura y cruel que aquella que ejercía la “nomenclatura” soviética después de Stalin (periodistas rusos que revelan las atrocidades en Chechenia aparecen “casualmente” asesinados). En otras palabras, comienza a configurarse en Rusia, una suerte de estalinismo capitalista, tanto o más imperial que el primero, el comunista. Por supuesto, ni los pacifistas europeos, ni los izquierdistas latinoamericanos, se molestan en decir una sola palabra en contra de Patín. A ellos, programados como el perro de Pawlow, sólo les interesa Bush.

Habiendo sido “liberado” de sus colonias europeas occidentales por las revoluciones democráticas de fines de los ochenta, Moscú reconstituye su núcleo imperial, erigiéndose en la capital de un complejo geopolítico euroasiático, cuya relevancia militar aún no ha sido bien evaluada. Lo cierto, es que en su “espacio vital” euroasiático, la política de Patín es abiertamente intervencionista e imperialista.

Fuera de ese espacio natural, Patín comienza a construir, al igual que sus antecesores comunistas, una amplia zona de influencia, privilegiando a todas aquellas dictaduras que sean o se declaren antinorteamericanas. Con Hussein y su “partido socialista” (Baath) mantuvo Rusia relaciones fraternales. Lo mismo ocurre hoy con la terrible dictadura socialista de Al Assad en Siria, con el fascismo islámico de los militares sudaneses, y con la teocracia-política persa. Prácticamente no hay dictadura en el mundo que no mantenga amigables relaciones con Moscú. Los amigos íntimos de Patín en América Latina se encuentran en La Habana y en Caracas. Y no sólo estamos hablando de relaciones diplomáticas. La venta de armas es un negocio que cultiva Patín con predilección. Y naturalmente, sus usuarios preferidos, son las diferentes dictaduras que asolan el mundo.

¿Cómo es posible que, justamente cuando la mayoría de los comentaristas pensara que después del fin de la Guerra Fría el mundo iba a enrielarse por senderos pacíficos y democráticos, esté ocurriendo “esto”? Esa es la pregunta que ya comienzan a hacerse algunos políticos europeos, sin saber como responder.

La verdad es que en contra de lo que imaginaron la mayoría de los analistas políticos, después de la caída del muro de Berlín tuvo lugar la disgregación del imperio soviético, sobre todo en Europa del Este, mas no así muchos de los soportes que habían permitido su expansión en otras regiones del mundo. La URSS era un imperio que articulaba a diversos “enclaves dictatoriales”. En un mundo tendencialmente democrático, esos enclaves continuaron y continuaran subsistiendo. Uno de esos enclaves dictatoriales más peligrosos era, sin dudas, el Irak de Sadam Hussein. La primera guerra de El Golfo tuvo lugar precisamente, para limitar la expansión territorial y política que buscaba Hussein en el mundo árabe. La intervención de USA se hacía en ese momento necesaria, desde la perspectiva de su estrategia internacional, debido al hecho de que Hussein y su “partido socialista”, no sólo habían sido partes de la zona de influencia soviética, sino que además mantenían múltiples contactos con la Rusia “post-comunista”. Estas son, por supuesto, razones que los gobiernos no pueden decir en voz alta, pero eso no significa que no existieron. En política internacional “aquello que no se dice” es, a veces, más decisivo que “aquello que se dice”.

Es preciso entonces diferenciar entre la ideología de una guerra y sus propósitos reales. Casi nunca lo uno coincide con lo otro. La ideología de la primera guerra de El Golfo fue liberar a Kuwait. El propósito real, la desactivación de un microimperio geopolíticamente peligroso, tanto para EEUU como para la mayoría de las naciones europeas. De la misma manera, la ideología de la guerra en contra de la Serbia de Milosevic, fue la de salvar a la población albano-kosovar. El propósito real, eso lo sabemos ahora, fue desconectar la alianza Moscú- Belgrado, la que aún durante el periodo de guerra, funcionaba muy bien. Es por esa razón que la gran mayoría de los gobiernos europeos apoyaron, incluso con entusiasmo, la acción de la OTAN. Hoy, a esos mismos gobiernos les importa muy poco la suerte de los chechenios. Si es que quiere, Patín puede asesinarlos a todos (y está a punto de conseguirlo). Eso es un problema ruso, no europeo ni mundial. Incluso algunos de esos complacientes gobiernos, aplauden a Patín, cuando en un acto de extrema audacia, acusa él (precisamente él) a los EEUU de violar a los “derechos humanos” en Irak. Naturalmente, EEUU los ha violado, y esa es la carga que arrastrará la nación norteamericana durante mucho tiempo. Pero que el acusador sea Patín, no deja de ser grotesco, por decir lo menos.

Es imposible negar que en su proyecto internacional Patín haya logrado grandes éxitos. De hecho, está en vías de restaurar el “núcleo duro” de la antigua URSS: la hegemonía rusa en la región euroasiática. Casi todos las naciones “Tan” (Kasachtan, Uzbekistán, Tudchitikistan, Turkmenistan), además de Azerbaidzhan y Kirgesien, ya forman parte de su “zona”. Bielo Rusia, a través del dictador Lucazensko, es un aliado leal a Rusia. Tanto Ucrania como Georgia, viven amenazadas por Moscú. Incluso, se tiene la impresión que, la UE y los EEUU, han acordado que “Eurasia” sea el territorio “natural” de Rusia en el futuro. Si las naciones euroasiáticas se rebelan frente a esa alternativa tan siniestra, y Rusia, con su proverbial gentileza las aplasta, mala suerte. Les tocó vivir en el lado “falso” de la historia. Lo importante, para la EU y los EE UU es, por el momento, que Patín no traspase esos límites tácitamente asignados.

---

Volver al directorio:

http://moises-iturbides.blogspot.com


martes, marzo 20, 2007

La batalla de América Latina (-II-)

O la contra-revolución antidemocrática de nuestro tiempo


Fernando Mires

-De Analítica, Venezuela

-SERVICIOS GOOGLE PARA BLOGGERS-

.

En esa batalla (política) que hoy tiene lugar en América Latina, distingue el autor dos bloques de naciones. Por un lado, un bloque que ha entrado, por diversas vías, a la modernidad democrática, tanto desde una perspectiva económica como política. Pese a sus muchas imperfecciones políticas, México, Chile, Perú, Uruguay Colombia y Brasil, y algunos países de América Central, son naciones que se mueven en esa dirección. Al otro lado, distingue el autor otro bloque, hegemonizado por el eje Caracas-La Habana en torno al cual se mueven como satélites, naciones como Nicaragua, Bolivia y probablemente Ecuador. (Argentina, es mi opinión, con su potencial económico y su innegable irradiación cultural, pertenece al primer bloque. Pero, por la demagogia de sus últimos mandatarios, digna de una república bananera, pertenece al segundo).

Ahora bien, pese a que el primer bloque ya señaliza éxitos notables en la modernización política, en el desarrollo económico y en la política social, carece de la agresividad ideológica que posee el segundo. Castañeda destaca, y con razón, que esas naciones poseen comprensibles inhibiciones para dar la batalla por la democracia. Ya sea porque Colombia es vecina de Venezuela, porque el Brasil de Lula debe rendir tributo al ala izquierda (prochavista) del gobierno, porque Kirchner necesita del petróleo y del dinero venezolano, porque al Chile de Bachelet le conviene aislarse de conflictos que pondrían en peligro la estabilidad del gobierno, lo cierto es que ninguna de esas naciones, está en condiciones, por sí sola, de enfrentar a la avanzada del castrochavismo. Incluso vaticina Castañeda, que el Uruguay de Taberé Vásquez, pagará caro la osadía de haber invitado a Bush.

Mi deducción entonces, es que según Castañeda, América Latina estaría viviendo una situación parecida a la Europa de los años treinta, cuando los gobiernos democráticos presenciaban impávidos, la expansión alemana-italiana, buscando negociar con un enemigo que sólo quería demolerlos.

Al igual que el eje Hitler -Mussolini, el eje Castro- Chávez (guardando las debidas proporciones), avanza por dos vías. Por un lado la vía geopolítica, ganando (o comprando) adhesiones de diferentes gobiernos. Por otro lado, la “lucha de masas. En esa constelación, los gobiernos más democráticos del continente, sobre todo debido a las relaciones de compromiso que han contraído con sus respectivas “izquierdas”, se encuentran paralizados.

De todos los gobiernos democráticos latinoamericanos, el único, piensa Castañeda, que está en condiciones de “dar la cara” frente al castrochavismo, es el mexicano. Por un lado, no está vinculado a ninguna “izquierda rabiosa”; por otro, posee un líder, Felipe Calderón, que no rehuye la polémica, y que, además, postula una visión de futuro muy precisa. Cabe agregar que Castañeda no sólo es mexicano, sino que además piensa el problema desde una perspectiva mexicana. En cualquier caso, su artículo es un aporte importante para la discusión que hoy tiene lugar en América Latina con relación al siempre inconcluso tema de la construcción democrática de sus naciones.

Ahora bien, aceptando, por el momento, la opinión de Castañeda en el sentido que en América Latina hay efectivamente dos grupos de naciones, uno democrático y moderno y otro (tendencialmente) anti-democrático y arcaico, quisiera postular tres tesis adicionales que por una parte, completan su perspectiva, pero que, por otra, la contradicen parcialmente. Esas tres tesis son las siguientes:

1.-La contradicción democracia- dictadura no sólo es latinoamericana, sino que ha aparecido en la escena como consecuencia de una contrarevolución antidemocrática internacional que comenzó a tomar forma después de la caída del llamado colapso del comunismo y del fin de la Guerra Fría 2.- La contradicción democracia-dictadura no es reciente en América Latina. Aquello que es reciente es la forma ideológica que hoy asume.

3.- La resolución de la contradicción democracia-dictadura, no dependerá tanto de los conflictos entre diferentes estados, sino que de las luchas democráticas al interior de cada nación, particularmente al interior de Venezuela.

Intentaré a continuación fundamentar cada una de estas tesis 3. Contrarrevolución antidemocrática internacional La contradicción democracia- dictadura no sólo es latinoamericana, sino que ha aparecido en la escena como consecuencia de una contrarrevolución antidemocrática internacional que comenzó a tomar forma después del llamado colapso del comunismo y del fin de la Guerra Fría

No deja de ser sintomático que en su artículo, Castañeda nombre, casi de pasada, a Moscú. No se trata, seguramente de un error geográfico. Es más bien una percepción que, lamentablemente, no desarrolla en su artículo. No obstante, para la fundamentación de la tesis arriba expuesta, es necesario tener en cuenta el significado de Moscú, sobre todo si se piensa que la ola antidemocrática que avanza hacia América Latina tiene una proveniencia que no sólo es latinoamericana, y en ella, la política internacional de la actual Rusia juega, y jugará, un papel preponderante.

---

Volver al directorio:

http://moises-iturbides.blogspot.com

lunes, marzo 19, 2007

La batalla de América Latina (-I-)

O la contra-revolución antidemocrática de nuestro tiempo

Fernando Mires

De Analítica, Venezuela

-SERVICIOS GOOGLE PARA BLOGGERS-


Lunes, 19 de marzo de 2007

Hay diferentes modalidades para leer la historia. Todo depende de las periodizaciones que usamos en nuestra lectura. Si trabajamos con periodizaciones cortas, es imposible no dejarse impresionar por el dramatismo que suelen asumir los acontecimientos de cada día. En periodizaciones cortas, los acontecimientos no pueden ser medidos en toda sus posibilidades, y tienden a aparecer como hechos imprevistos, desconectados de toda posible relación.

En periodizaciones largas, en cambio, es muy difícil percibir la intensidad que se debate entre los actores que, en diferentes lados de las barricadas, luchan a veces apasionadamente, por intereses, ideales, e incluso, por razones que ellos mismos ignoran, donde animosidades, odios, emociones, pasan a ocupar el lugar de la voluntad racional. No sin razón, ese gran historiador que era Ferdinand Braudel, recomendaba pensar al pasado histórico como presente, y a la realidad cotidiana, como si ella fuese parte de un proceso histórico.

También Chávez y el chavismo, fenómeno que preocupa hoy a tantos latinoamericanos, serán un día fragmentos del pasado, capítulos de una historia que sigue su curso, donde serán recordados como una marca, quizás como una interrupción, o simple disonancia, en un conjunto de hechos y acontecimientos que, articulados por historiadores, serán introducidos en la narración de lo que ellos llaman “los procesos”. Entonces los historiadores venezolanos (hay algunos que son excelentes) hablarán del capítulo “gomecista”, del capítulo “perezjimenista” y del capítulo “chavista”, como puntos disruptivos en el transcurrir de una historia que, por los senderos más inimaginables, sigue su curso indetenible.

1. Astucias de la razón histórica

No es necesario entonces creer que hay una “razón superior” para darse cuenta de que los procesos históricos se dan como resultados de una “astucia” que escapa a los actores en los momentos en que ellos actúan. Para explicarnos mejor, pongamos un ejemplo entre tantos: el de la expansión económica capitalista de la China actual.

El radical desarrollo capitalista que hoy vive China, no habría sido jamás posible si antes no hubiese sido llevada a cabo aquella revolución “antiimperialista” comandada por Mao. Gracias a la revolución de Mao tuvo lugar un profundo y vasto proceso de modernización y racionalización económica y técnica, la que justamente creó las condiciones acumulativas para la expansión capitalista de esa nación. A su vez, el acelerado desarrollo que hoy vive China, abre un espacio inmenso a las inversiones de todos los países capitalistas del planeta. Gracias a la revolución del marxismo de Mao, el llamado capitalismo mundial es hoy más poderoso que nunca. Ahora, imaginemos por un momento que el marxista Mao hubiese sabido que el destino de la revolución que él comandaba iba a ser el de fortalecer el desarrollo del capitalismo mundial. Probablemente Mao se habría suicidado.

Nadie sabe tampoco, mirado el tema desde una perspectiva histórica, en que irá a terminar esa “rara cosa” del “socialismo del siglo XXl” que ha comenzado en Venezuela. Lo único seguro es que va a terminar en un lugar muy distinto al que imaginan el Presidente Chávez y sus seguidores. De ahí que, es recomendable, para entender los sesgos de la política internacional latinoamericana, situarnos en una perspectiva histórica algo más amplia que aquella que nos ofrece el presente inmediato. A esa conclusión he llegado después de leer un muy interesante artículo del ex secretario de Relaciones Exteriores de México, Jorge Castañeda (El País, España 06/03/2007) con el que, pese a lo muy interesante que es, no estoy totalmente de acuerdo.

2. Un aporte muy interesante

El artículo que voy a comentar lleva un título que es, de por sí, una tesis: “La batalla por América Latina”. Efectivamente, el autor fundamenta su tesis desde el comienzo:
“La batalla por América Latina ha comenzado. Después de escaramuzas, tragedias y caricaturas, todo parece indicar que ahora sí, por primera vez desde principios de los años sesenta, la región se convierte en el escenario de un verdadero combate cuerpo a cuerpo: ideológico, político, económico. De un lado, Hugo Chávez, la Habana (en manos de un Castro u otro), sus aliados en Buenos Aires, La Paz, Managua y eventualmente Quito e incluso, en un apartado muy particular, Moscú, pasan a la ofensiva. Por el otro lado, una Administración en Washington abrumada, rebasada pero cada vez más nerviosa, emprende el contra-ataque. Los demás asisten pasivos y desbrujulados ante la inevitable toma de partido en lo que es todavía una lucha de ideas, pero que comienza a revestir otras características”



---

Volver al directorio:

http://moises-iturbides.blogspot.com


domingo, marzo 11, 2007

América Latina: cuatro bloques de poder

---
-De Rebelión
-SERVICIOS GOOGLE PARA BLOGGERS-
James Petras
La Jornada



Nota del Editor:
Un tanto contradictorio en sí mismo, el presente trabajo aporta un valioso material de estudio y reflexión. A pesar de que el autor deja en el limbo a Centro América y el caribe a excepción de Cuba, así como a Paraguay, Guyana y Trinidad y Tobago en el Cono Sur, lo que denota la persistencia de cierto sectarismo en cuanto a los países de economías más pequeñas y menos desarrollados del continente; lo reproducimos con ánimo de proveer a nuestros lectores un documento adecuado para el estudio geopolítico de nuestra región. Lo hacemos sin el menor intento de fanatismo o parcialidad. Las selecciones son nuestras (MI)

En América Latina hay cuatro bloques de naciones que contienden, contrariamente al dualismo simplista con que la Casa Blanca y la mayoría de la izquierda describen el proceso. Cada uno de ellos representa diferentes grados de acomodo u oposición a las políticas e intereses estadunidenses, que dependerán de cómo defina o redefina Estados Unidos sus intereses según las nuevas realidades.

La izquierda radical incluye a las FARC en Colombia, sectores de los sindicatos y los movimientos campesinos y barriales en Venezuela; la confederación obrera Conlutas y sectores del Movimiento sin Tierra en Brasil; sectores de la Confederación Obrera Boliviana, los movimientos campesinos y las organizaciones barriales en El Alto; sectores del movimiento campesino-indígena de la Conaie en Ecuador; los movimientos magisteriales e indígena-campesinos en Oaxaca, Guerrero y Chiapas, México; sectores de la izquierda campesino-nacionalista en Perú; sectores de los sindicatos y desempleados en Argentina. Es un bloque político heterodoxo, disperso, fundamentalmente antimperialista, que rechaza cualquier concesión a las políticas socioeconómicas neoliberales, se opone al pago de la deuda externa y en general respalda un programa socialista o nacionalista radical.

La izquierda pragmática incluye al presidente Hugo Chávez en Venezuela, a Evo Morales en Bolivia y a Fidel Castro en Cuba. A una multiplicidad de grandes partidos electorales y a los principales sindicatos y uniones campesinas en Centro y Sudamérica: los partidos electorales de izquierda, el PRD en México, el FMLN en El Salvador, la izquierda electoral y la confederación obrera en Colombia, el Partido Comunista chileno, la mayoría en el partido parlamentario nacionalista peruano Humala, sectores de los líderes del MST en Brasil, el MAS en Bolivia, la CTA en Argentina y una minoría del Frente Amplio y la confederación obrera en Uruguay. Incluida está la gran mayoría de los intelectuales latinoamericanos de izquierda. Este bloque es "pragmático" porque no hace un llamado a la expropiación del capitalismo ni al rechazo de la deuda ni a ruptura alguna de relaciones con Estados Unidos.

En Venezuela los bancos privados, nacionales y extranjeros, ganaron una tasa de más de 30 por ciento entre 2005 y 2007. Menos de uno por ciento de las más enormes propiedades de tierra fue expropiado para otorgarle títulos a los campesinos desposeídos. Las relaciones del capital con la mano de obra siguen inclinando la balanza en favor de las empresas y los contratistas. Venezuela y el presidente Alvaro Uribe de Colombia han firmado varios acuerdos de cooperación económica y de seguridad de alto nivel. Mientras promueve una mayor integración latinoamericana, Chávez busca una "integración" con Brasil y Argentina, cuya producción y distribución de crudo son controladas por corporaciones multinacionales europeas e inversionistas estadunidenses. Aunque Chávez reprocha el intento estadunidense de subvertir el proceso democrático en Venezuela, el país provee 12 por ciento de las importaciones totales de crudo a Estados Unidos, es dueño de 12 mil gasolineras Citgo en Estados Unidos y de varias refinerías. El sistema político de Venezuela es muy abierto a la influencia de los medios masivos privados, apabullantemente hostiles al presidente electo y al Congreso. Hay organizaciones no gubernamentales financiadas por Estados Unidos, una docena de partidos y una confederación de sindicatos actuando en pro de los planificadores estadunidenses. Casi todos los funcionarios y miembros del Congreso que están en favor de Chávez se montaron en su carroza política más por intereses personales que por lealtad populista. El pragmatismo de Venezuela es un campo muy lucrativo para los inversionistas estadunidenses, suministra energía de modo confiable y crea alianzas con Colombia, principal cliente de Estados Unidos en América Latina.

La retórica y el discurso radical de Chávez no corresponden con las realidades políticas. Si no fuera por la intransigente hostilidad de Washington y sus tácticas de continua confrontación y desestabilización, Chávez parecería moderado. Es obvio que sectores de las grandes empresas se quejen del incremento en pagos por regalías, dividendos de ganancias e impuestos. Washington pinta a Chávez cual si fuera un "peligroso radical" porque compara su política con la de los previos regímenes clientelares de Venezuela en los años 90. Pero si tomamos los pronunciamientos de política exterior de Chávez con una pizca de sal, asumimos el cambio en el ambiente internacional acaecido entre 2000 y 2007 y sus limitadas reformas en asistencia social, impuestos y otras, de hecho Estados Unidos está ante un radical pragmático que puede acomodar.

Lo mismo se aplica a la política hacia Cuba y Bolivia. Cuba ha establecido lazos diplomáticos con casi todos los clientes y aliados de Estados Unidos en América Latina. Explícitamente le tendió la mano diplomática a Uribe, rechaza la izquierda revolucionaria de las FARC en Colombia y respalda en público a neoliberales como Lula da Silva de Brasil, Néstor Kirchner de Argentina y Tabaré Vázquez en Uruguay, además de firmar un amplio espectro de acuerdos de adquisición con grandes exportadores estadunidenses de alimentos. Cuba brinda servicios de salud gratis (y entrenamiento a miles de médicos y educadores) en un gran número de regímenes clientes de Estados Unidos, de Honduras a Haití y Pakistán. Abrió la puerta a inversionistas extranjeros de cuatro continentes en todos sus principales sectores de crecimiento. La paradoja es que mientras Cuba profundiza su integración al mercado capitalista mundial en la emergencia de una nueva clase de elites orientadas al mercado, la Casa Blanca incrementa su hostilidad ideológica. Esta postura extremista se emprende también con el régimen de izquierda pragmática de Morales en Bolivia, cuya "nacionalización" no ha expropiado ni expropiará ninguna empresa extranjera. Uno de sus principales propósitos es estimular los acuerdos comerciales entre la elite de las agroempresas de Bolivia con Estados Unidos.

El tercero y más numeroso de los bloques políticos en América Latina lo constituyen los neoliberales pragmáticos: el Brasil de Lula y la Argentina de Kirchner. Muchos son los imitadores de estos regímenes entre las filas de la oposición liberal de izquierda en Ecuador, Nicaragua, Paraguay y otros lados. Kirchner y Lula defienden su paquete completo de privatizaciones legales, semilegales e ilegales. Ambos prepagaron sus obligaciones oficiales de deuda y buscan estrategias de crecimiento mediante la exportación de minerales y productos agrícolas, e incrementaron las ganancias empresariales y financieras restringiendo sueldos y salario.

Hay también diferencias. La estrategia en favor de la industria de Kirchner condujo a una tasa de crecimiento que duplica la lograda por Lula; redujo el desempleo en 50 por ciento, lo cual contrasta con el fracaso de las políticas de empleo de Lula. En Argentina, el ambiente de inversión para empresarios y banqueros es favorable para la consecución de ganancias. Sus principales diferencias con Washington derivan de las negociaciones en torno a un acuerdo de libre comercio. Mayores oportunidades de comercio global y una posición mercantil más fuerte les otorga una posición más fuerte al negociar. Ni Lula ni Kirchner respaldarán el intento militar estadunidense de derrocar o boicotear a Chávez, porque trabajan conjuntamente aumentando lucrativas inversiones y proyectos de petróleo y gas. Reconocen la naturaleza básicamente capitalista del régimen de Chávez aun cuando rechacen la mayor parte de su radical discurso antimperialista. Ambos presidentes diversifican sus socios comerciales y buscan acceder a mercados en China y Asia.

Washington no es hostil con Argentina y tiene una relación amistosa de trabajo con Brasil, pero no logró extender su influencia a ellos por su renuencia a entender estos regímenes de libre comercio "nacionalista". Que Kirchner se empeñe en lograr acuerdos negociados, inversiones reguladas, recolección de impuestos y renegociaciones de la deuda es visto como "nacionalista", "izquierdista" y casi intolerable. Washington se preocupa de que las políticas de libre comercio de Lula exijan que Estados Unidos ponga fin a sus subsidios y cuotas agrícolas, como lo hace Brasil. Pero con tal de defender a sus empresas agrícolas no competitivas, Washington sacrifica en su extremismo la posibilidad de entrar a gran escala y largo plazo al sector industrial y de servicios de Brasil.

El cuarto bloque político son los regímenes, partidos y asociaciones de elite neoliberales doctrinarios, que siguen al pie de la letra los dictados de Washington. Es el régimen de Felipe Calderón en México, que se prepara para privatizar las lucrativas empresas petrolera y eléctrica. Es el régimen de Michelle Bachelet en Chile, perenne exportador de minerales y productos agrícolas, la Centroamérica exportadora de fruta tropical y plena de maquiladoras. Colombia, que recibe 5 mil millones de dólares en ayuda militar estadunidense desde finales de los 90. Perú que por más de 20 años ha privatizado toda su riqueza mineral, gobernado ahora por Alan García, otro cliente de Estados Unidos.

Según Washington y los ideólogos de derecha un "populismo radical" barre la región, simplificando una compleja realidad para servir a sus propios intereses. Lo que hay es un cuadrángulo de fuerzas que compiten y se confrontan en América Latina.

Washington insiste que la influencia subversiva de Venezuela y Cuba debilita su posición en América Latina. Un factor mucho más importante es el aumento generalizado de los precios de bienes de consumo, lo que significa mayores entradas por exportación a la región. Entonces, los países latinoamericanos dependen menos de las "condiciones" del FMI para allegarse préstamos, lo que limita aún más la influencia estadunidense. Mayor liquidez significa poder contar con préstamos comerciales sin recurrir al Banco Mundial. Los expansivos mercados de Asia, en particular el aumento de la inversión asiática en las industrias extractivas latinoamericanas, erosiona aún más el apalancamiento mercantil estadunidense en la región. Ante la caída de su propia economía en 2007, es probable que Estados Unidos reduzca sus inversiones y comercio con América Latina. En otras palabras, tiene menos margen de maniobra sobre izquierdistas y neoliberales pragmáticos que en los 90. Mal etiquetar a lo regímenes y exagerar grado y clase de la oposición conduce a la exacerbar los conflictos. Persistir en la actitud de lograr acuerdos de libre comercio a escala continental mediante concesiones no recíprocas es perder la oportunidad de lograr tratos comerciales.

Esto es efecto de una configuración ultraconservadora por parte de los planificadores estadunidenses y sus principales asesores.

Washington describe burda y malamente la realidad latinoamericana, lee incorrectamente el contexto regional e internacional actual, pero los intelectuales de izquierda exageran el radicalismo o la realidad revolucionaria de Cuba y Venezuela. Pasan por alto la contradictoria realidad y sus acomodos pragmáticos con los regímenes neoliberales. Con muy poca perspicacia histórica, continúan creyendo que neoliberales pragmáticos como Lula, Kirchner y Vázquez son "progresistas", y los agrupan junto con izquierdistas pragmáticos como Chávez, Castro y Morales. En ocasiones caracterizan a los partidos y a los regímenes según sus pasadas identidades políticas izquierdistas y no según sus actuales políticas elitistas de libre comercio y exportación de agrominerales.

La izquierda debe encarar el hecho de que pese a que el poder estadunidense declinó, se recupera y avanza desde que las rebeliones de masas derrocaron a sus clientes en 2000-2002. Quedaron en la nada las esperanzas de la izquierda en que la victoria de antiguos partidos políticos electorales de centroizquierda revirtiera las políticas neoliberales de sus predecesores. Redefinir la conversión de izquierdistas en neoliberales pragmáticos cual si fuera algo progresista o creara un contrapeso al poderío estadunidense, es ingenuo y confunde aún más.

El declive de la influencia estadunidense en América Latina no es lineal: una abrupta caída fue seguida de un repunte parcial. Ningún ascenso sostenido de la izquierda radical sale al paso de este descenso en influencia. Los ganadores reales son los izquierdistas y neoliberales pragmáticos, que llegaron el poder ante la retirada de los neoliberales doctrinarios y la favorable coyuntura expansiva de las condiciones del mercado mundial.

Traducción: Ramón Vera Herrera

---

Volver al directorio:

http://moises-iturbides.blogspot.com

Presencia de Estados Unidos y la UE en Colombia

----
-De Rebelión
-SERVICIOS GOOGLE PARA BLOGGERS-
Héctor Arenas
Pueblos
----
Estados Unidos y Europa accionando en llave sobre Colombia. Esto es lo que tenemos desde 2002, cuando los intereses de las grandes empresas europeas se impusieron en la política internacional de sus países. Cuatro años después, lo que tenemos es contrario de lo publicitado: más guerra en vez de paz, más cocaína en vez de erradicación. Los jóvenes del ‘viejo’ continente también pagan las consecuencias de este desatino.

Un discurso de política exterior perfectamente hilvanado sobre el respeto a los Derechos Humanos, el compromiso con la paz y la cooperación para el desarrollo, camufla de manera oficial desde julio de 2003 la verdadera agenda de pacificación manu militari concertada con relación a Colombia entre los neoconservadores estadounidenses y el pequeño conjunto de poderosos grupos financieros y patronales europeos con peso decisivo en el Consejo y la Comisión Europea.

Desde finales del año 2002, el gobierno de los Estados Unidos, con el apoyo del gobierno de Blair, Aznar y Berlusconi, y más tarde de los gobiernos holandés, alemán y sueco, lograron imponer en las instituciones comunitarias, la idea de que una solución consistente en una operación de reingeniería social fundada en una drástica opción por el uso de la fuerza, combinada con una permanente campaña de encubrimiento y desinformación mediática, junto a medidas económicas complementarias de pacificación y control social, constituían la mejor respuesta en Colombia frente a la amenaza inminente de colapso en el control de su territorio, que no sólo constituye una de las fuentes de suministro de petróleo hacia los Estados Unidos y un área clave en la estabilidad regional, sino que está considerado como un escenario geoestratégico para los intereses globales del dominio occidental.

Control territorial, control militar

La elección de un gobierno autónomo en Venezuela en diciembre 6 de 1998, unida a la creciente inestabilidad política en Ecuador, y al riesgo que devino inminente de perder el control sobre Colombia por el ascenso militar de la guerrilla; la catastrófica situación social derivada de la corrupción desbordada, la aplicación durante una década del recetario neoliberal y el destierro de más de tres millones de pobladores rurales, junto a la puesta en marcha en enero de 1999 de un proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC que contemplaba las reformas sociales exigidas por la insurgencia, disparó todas las alarmas de los estrategas hemisféricos en Washington.

A marchas forzadas se elaboró durante 1999 un Plan de intervención militar indirecta en el que se privilegió el entrenamiento masivo de tropas colombianas y la multiplicación por diez del soporte militar, la ampliación del rango en el suministro de armamentos, el apoyo en la entrega de inteligencia con tecnología satelital, y el número de ‘asesores’ militares y civiles en el territorio, para garantizar que no se requiriera el ingreso de tropas estadounidenses al combate directo.

La manera de presentar la intervención, sin precedentes por su magnitud y sus objetivos [1], ante la opinión pública y el Congreso estadounidense consistió en señalar que se trataba de una iniciativa imprescindible en la “guerra contra el narcotráfico” y que en el plazo de seis años se reducirían en un 50 por ciento los cultivos de coca, que para 1999 alcanzaban las 122.500 hectáreas [2].

En realidad, el Plan se dirigía a enfrentar las fuerzas armadas rebeldes, con la idea principal de reducir lo que consideraban su fuente determinante de finanzas, y asegurar militarmente los principales yacimientos energéticos y los oleoductos, sosteniendo el proceso destructivo de todas las formas de organización popular democráticas [3]. Gradualmente, a todo lo largo de la frontera de Colombia con Venezuela, el Plan ha estructurado un dispositivo militar [4].

Señala la investigadora Lesley Gill, de la American University, de Washington: “El centro del tráfico de cocaína no estaba ni en Putumayo ni en los departamentos vecinos del sur de Colombia. Las principales rutas de contrabando y los paramilitares que las controlaban permanecían sobre todo en el norte, pero los estrategas estadounidenses y sus contrapartes colombianas parecían menos interesados en los traficantes de cocaína y los paramilitares que los controlaban que en limitar el creciente poder financiero y militar de los grupos subversivos izquierdistas” [5].

En Colombia, el Plan contó con el favor absoluto de las élites económicas y políticas, así como de la alta dirección de sus fuerzas armadas. La diferencia más significativa entre los diversos sectores de la dirigencia colombiana con relación al Plan consistió en su implicación directa, su claro rechazo o su tolerancia con los ejércitos irregulares -crecientemente financiados por el sector del narcotráfico cooptado temporalmente por el proyecto estratégico imperial-, reclutados en los sectores humildes de la población y utilizados como mano de obra criminal y desechable para lograr con métodos espeluznantes el desplazamiento o la aniquilación de la población civil sospechosa de ser simpatizante de las fuerzas rebeldes o culpable por habitar en territorios de asombroso valor para el portafolio de megaproyectos trazados en los centros económicos de decisión global [6].

Si bien la organización de escuadrones paramilitares estaba contemplada en los manuales de contrainsurgencia de los años 60, sólo en la década del 80 se consolida el proceso que convirtió en determinantes las finanzas que provenían del narcotráfico, lo cual desembocó en su pasmoso crecimiento, su amplísimo dominio territorial, y su extraordinaria simbiosis con diversos y decisivos niveles de Estado regional y central.

Así, el Plan se fue perfeccionando para acceder a lo que se puede considerar como la mejor hoja de ruta en esta área: un escenario de guerra no declarada y que permite desmontar derechos y garantías ciudadanas del Estado de Derecho, disminuir el campo de acción de los organismos de control estatal, cooptar partes importantes del aparato de investigación a la guerra, y garantizar la reducción y el sometimiento de la población no obediente a la globalización corporativa, para consolidar un proceso de paz ideado en los centros de pensamiento [7] encargados de generar los conceptos y las herramientas que cumplen los designios estratégicos de la red de corporaciones multinacionales con intereses en el territorio [8].

El componente social disfraza el militar

La cooperación internacional, expresada en el respaldo político y el apoyo financiero a este ambicioso proceso de reingeniería social, fue considerada como decisiva [9]. La Unión Europea fue invitada entonces a brindar uno y otro soporte al componente social del Plan. Pero el hecho de haber actuado sin suficiente consulta previa con las principales expresiones políticas europeas en el momento de configurar el proyecto y la amplia movilización de las organizaciones no gubernamentales de Europa y Colombia, vinculadas a los derechos humanos y la paz que le pidieron a la UE no apoyar la guerra, condujo en 2001 a un rechazo por parte de aquélla a participar en el componente social del Plan [10].

La negativa europea, pese a los esfuerzos del gobierno del Partido Popular español, condujo a los núcleos de decisión de Washington a formular una nueva estrategia en busca del respaldo político y el apoyo financiero europeo para “el fortalecimiento institucional y el desarrollo social”, indispensables para asegurar el control militar del territorio, en especial en las zonas donde estaba previsto realizar repoblamientos que consolidaran el exterminio o el destierro, así como el confinamiento de la población civil.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la declaratoria de “guerra global contra el terror” crearon el escenario internacional propicio a la unidad entre los Estados Unidos y las instituciones europeas para el nuevo empeño. En marzo de 2003, Colombia se convirtió en una moneda de cambio para no profundizar la fisura transatlántica que se produjo con la ocupación militar de Iraq.

Los días 9 y 10 de julio de 2003, en Londres, los gobiernos estadounidense y británico, con la gestión del Centro de Pensamiento Estratégico Internacional (Cepei), una entidad no gubernamental financiada por la USAID, con el encargo de reestructurar toda la cooperación internacional hacia Colombia, el apoyo del gobierno colombiano y la notoria imprevisión de las organizaciones no gubernamentales colombianas a las que se les encargó la organización de la presencia de la sociedad civil, lograron promover el apoyo de la comunidad internacional (G24) a la política de guerra de alta intensidad, con bajo perfil mediático de la administración Bush-Uribe, y al “proceso de paz” con las organizaciones paramilitares.

Este proceso ha sido catalogado como un simulacro -para lograr la legalización de las estructuras paramilitares- por parte de organizaciones internacionales de derechos humanos que siguen su desarrollo y por parte también de organismos nacionales que señalan la ausencia de responsabilidad del Estado y otros poderosos agentes en la conformación de la estrategia paramilitar [11]. El respaldo internacional a este proceso se amplió con las conclusiones del Consejo Europeo de 2004 [12], con un “compromiso político y financiero evolutivo y condicionado” [13], posteriormente en la reunión del G24 en Cartagena en febrero del 2005, y finalmente con el apoyo político y financiero del Consejo y la Comisión Europeos a la Ley de Justicia y Paz, en octubre del 2005, en contravía del discurso sobre los principios de respeto a los Derechos Humanos y la protección a los defensores de Derechos Humanos que afirman y guían la política exterior europea [14].

Sin embargo, una parte de los países europeos -en especial el gobierno francés- no entraron de lleno en el apoyo de la Ley por “violación del cese de hostilidades, impunidad de hecho, ausencia de tratamiento de las implicaciones con el narcotráfico y falta de voluntad para desmontar el paramilitarismo y las conexiones con el Ejercito” [15]. La Comisión de Reconciliación y Reparación, creada en la Ley de Justicia y Paz, no es independiente ni contempla una verdadera reparación integral que incluya la reconstrucción de los proyectos de vida destrozados. Su funcionamiento, no obstante, ha obtenido el apoyo del actual gobierno socialista [16] español, que privilegia en la política exterior en la región los análisis del discreto pero determinante Observatorio para Empresas de Latinoamérica -centro de análisis de las principales corporaciones españolas.

Resultados en contravía

Mientras tanto, el crecimiento del consumo de cocaína en la franja de jóvenes entre 14 y 18 años se multiplicó por 4 en España durante los últimos cinco años, elevándose del 1,5 al 6 por ciento. En Inglaterra, tal consumo en las edades comprendidas entre los 11 y los 14 años creció en un ciento por ciento en el lapso 2004-2005, comprometiendo a 65.000 jovencitos consumidores. En España, 170.000 adolescentes admitieron haber consumido cocaína en el último año. Asimismo, los beneficios del sector financiero con espacios en paraísos fiscales y con presencia en la región andina han experimentado notables incrementos. Lo mismo ha ocurrido con las ganancias de las empresas productoras de fertilizantes utilizados en la siembra industrial de coca, de precursores químicos utilizados en la producción de cocaína y de la empresa Monsanto, que suministra el veneno utilizado en las fumigaciones. Igualmente, se han multiplicado las utilidades del conjunto de empresas estadounidenses y europeas que venden armamento y servicios de ‘seguridad’ en este mercado floreciente, como también los beneficios de la red de corporaciones que pueden lucrarse con los diversos negocios exitosos en este endeble ‘orden’ sostenido en la represión y la mentira [17].

Al mismo tiempo, la mayor parte de la población europea permanece alejada por completo de los beneficios genuinos que surgirían de relaciones económicas, científicas y culturales con Colombia fundadas en la transparencia y la equidad. La mayor parte de sus impuestos destinados a la ‘cooperación’ con Colombia se canaliza hacia el apoyo a este caótico proceso de pacificación, tanto como al precario control social y territorial apuntalado en una inestable impunidad selectiva. Con esta dinámica, sus impuestos terminan apoyando la prolongación del conflicto, la vulneración de los derechos elementales de la población civil y el flujo de narcóticos que se origina en algunas de las regiones ‘pacificadas’. Se trata de un despilfarro descomunal de inteligencia social y recursos financieros que bien pudieran encauzarse a curar las heridas producidas durante décadas, y en el apoyo a una genuina y soberana democratización de la vida social, hoy marcada por la intimidación y el irrespeto cotidiano a los derechos más elementales de las comunidades. En el muy corto plazo, un curso de verdadera cooperación redundaría en favor de la ciudadanía europea.

El tejido corporativo europeo celebra la política de ‘seguridad democrática’ en Colombia y los indicadores macroeconómicos que tantos beneficios le reportan, pero permanece absolutamente indiferente ante el infierno humano y los horrores inexpresables de la miseria que castiga en el día a día a casi el 70 por ciento de la población, miseria estrechamente relacionada con la prolongada guerra civil que se sostiene y profundiza con voluminoso apoyo externo. ¿Cuánto tiempo más podrá aguantar esta inversión de lógicas, propósitos y acciones?
* Publicado en Le Monde Diplomatique Nº 46, edición Colombia, junio 2006.


Notas
[1] Ya en 1925, el Ejército de Estados Unidos había intervenido tres veces en Colombia, pero sólo desde 1959, con el triunfo de la Revolución Cubana, se inicia una presencia militar permanente. Desde 1962, con el Plan LASO (Latinoamerican Security Operation), se inició la intervención masiva y sistemática del gobierno de Estados Unidos, interpretando cualquier conflicto social como amenaza comunista, criminalizando toda protesta social y tratándola militarmente.
[2] Ver El Plan Colombia y la internacionalización del conflicto. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales-IEPRI, 2001.
[3] Ver La otra historia de los Estados Unidos, de Howard Zinn, Editorial Hirú, 2003.
[4] Desde La Guajira, en la costa norte de Colombia, pasando por la región del Catatumbo, en el centro, hasta Vichada, en el sur del país, se ha operado un proceso de desplazamiento poblacional y de control militar y social. En 2005-2006, el gobierno estadounidense destinó 4.000 millones de pesos para expandir el cultivo de palma en el Catatumbo. En febrero de 2005 se incluyeron -junto a la “Guerra contra el narcotráfico” y la “Guerra contra el terrorismo”- las “Amenazas a la seguridad nacional de Colombia” como determinantes de la ‘ayuda’ militar estadounidense a Colombia. El 1 de mayo de 2006, Fidel Castro reveló en su discurso oficial de ese día que “en noviembre de 1999 se conoció desde California que René Cruz y Eusebio Peñalver (estrechamente vinculados a los dos Posada Carriles), junto a los también terroristas Roberto Martín Pérez, Ángel D’Fana y Ernesto Díaz, actual cabecilla de Alpha 66, estaban involucrados en un plan para atentar contra la vida del presidente Hugo Chávez, con el apoyo de un grupo de adinerados venezolanos... Dicho plan sería ejecutado en el mes de diciembre por un comando integrado por cubanos y venezolanos, quienes arribarían a Venezuela procedentes de un tercer país”. En 2006 se ha iniciado una creciente ofensiva mediática internacional dirigida a vincular cargamentos de cocaína y narcotraficantes con Venezuela.
[5] Escuela de las Américas, Lesley Gill. Editorial Lom, enero 2005.
[6] Al sobreponer los mapas de los resultados electorales desde la segunda mitad de los años 80 con los mapas de las masacres y el desplazamiento de la población civil, resultan estremecedoras las coincidencias entre la geografía del proceso de exterminio y destierro, y los lugares donde la izquierda triunfó o tenía presencia significativa en los gobiernos locales.
[7] En el libro Repensar los Estados Unidos. Para una sociología del hiperpoder, de Loïc Wacquant (Dir.), de Editorial Anthropos, 2005, es posible consultar las nuevas formas del internacionalismo estadounidense apoyadas en la creación de doctrinas funcionales al dominio imperial en los centros de pensamiento, y ejercidas a través de un conjunto de instrumentos que incluyen la presencia discreta y eficaz en los medios de comunicación y las academias, y en organizaciones no gubernamentales financiadas por la USAID y por NED (National Endowment for Democracy, que a la vez son parte de las herramientas de intervención civil de la CIA, conforme se explica en el revelador libro El código Chávez, de la periodista venezolana Eva Golinger.
[8] En la página Web del Diálogo Interamericano es posible apreciar una parte importante de las 250 corporaciones de Estados Unidos con intereses en Colombia. En la página www.solidaridad.net es posible consultar el artículo sobre la European Round Table, que contiene el listado de multinacionales europeas cuya mayor parte tiene intereses económicos que determinan la política exterior sobre Colombia. En el libro El negocio de la Guerra, de Diego Azzellini, publicado por Editorial Txalaparta, se nombran las 15 principales corporaciones de armamento, seguridad y entrenamiento que se benefician con la demanda que arroja la guerra entre colombianos. Esta información también aparece en la página de la red Voltaire.
[9] Las Mesas de Donantes, una metodología de encauzamiento de los recursos de cooperación internacional al sostenimiento de la guerra, que evitan su fracaso por falta de respuesta a las demandas sociales de la población, fue ensayada, por ejemplo, en Afganistán después de 2001, cuando se creó el Grupo de Apoyo para la Reconstrucción de Afganistán.
[10] La Presidencia, en nombre de la UE, declaró en diciembre del 2001 que “no existe ninguna alternativa adecuada a una solución negociada del conflicto interno”. En cambio, el 19 de marzo de ese mismo año, el ministro de Relaciones Exteriores español Joseph Piqué declaró que “no hay alternativa al Plan Colombia” [...]. Estamos trabajando en el incremento de nuestra participación a través de observadores tanto civiles como militares, en todo el proceso”.
[11] Ver el Informe de Amnistía Internacional de 2005, “Colombia. Los paramilitares en Medellín: ¿desmovilización o legalización?, sobre la desmovilización emblemática del Bloque Cacique Nutibara de Medellín, y el Informe de Human Rigth Watch “Las apariencias engañan”.
[12] Cada dos años, en noviembre, el Colat, grupo encargado en el Consejo Europeo de producir los documentos de política sobre América Latina, produce un Policy paper que sirve de base a las conclusiones públicas del Consejo Europeo.
[13] Los recursos de cooperación internacional no reembolsable de la Unión Europea dirigidos a Colombia pasaron de 18 millones de dólares en 2002 a 68 millones en 2006, conforme a la Dirección de Cooperación Internacional de Acción Social del gobierno colombiano.
[14] La ley significó un aumento de la vulnerabilidad de quienes defienden los espacios democráticos y los derechos fundamentales de la población civil. Asimismo, las exportaciones de armamento van en contravía de los Códigos de Conducta de la Unión Europea, que prohíben el suministro a gobiernos gravemente implicados en la violación de Derechos Humanos.
[15] Ver el ensayo: “Perspectivas para la paz en Colombia: la respuesta a la política de Uribe”. Daniel García-Peña. CIP-FUHEM, Madrid, 2005, p. 12, y el informe “Colombia: ¿reconciliación con impunidad?, de Nuria del Viso en Papeles de Cuestiones Internacionales Nº 89, primavera de 2005, pp. 80-81.
[16] Apartes de la intervención de Eduardo Pizarro en las Jornadas de la Taula Catalana de Cooperación con Colombia, de abril de 2006: “Hay un grupo de apoyo a la Comisión donde están el G24, el Banco Mundial y las 22 agencias de la ONU. El gobierno español, a través del Vicecanciller y el Director de Cooperación Internacional, ha ofrecido cooperar con la Comisión a través de rutas jurídicas para acompañar a las víctimas, bases de datos de bienes y la constitución de dos bancos para las víctimas: Antropológico y Genético”.
[17] En especial, las empresas de petróleo, carbón, gas, minería, palma de aceite para la producción de biodiesel, turismo y aguas. Articulados a ellas, funcionan exitosamente los principales bancos europeos y una amplia gama de corporaciones que suministran diversos componentes y servicios a estos sectores.
----